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Alba (1): Vecina con hija
Fecha: 07/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: danynitajo, Fuente: CuentoRelatos
La mañana amaneció fría y lúgubre, con esa humedad que se te pega a la piel como un susurro incómodo. La casa estaba en silencio, tan quieta que podía escuchar el tictac del reloj en la cocina y la respiración tranquila de mis tres hijos, aún sumergidos en sueños. En la alcoba, Ángela dormitaba, ajena al fuego que empezaba a arder en mi entrepierna. El timbre del celular me sacudió como una descarga. Alba. El nombre brilló en la pantalla y sentí un golpe bajo en el estómago. La esposa de José, nuestro amigo del piso 16. Cuatro pisos arriba, cuatro pisos más cerca del infierno que mi mente ya empezaba a imaginar. —Hola, Alba… —respondí, bajando la voz hasta casi un susurro ronco—. ¿Cómo amanecen por allá arriba? —Martín… —su voz era miel espesa derramándose en mis oídos, con esa cadencia que siempre le ponía los pelos de punta—. Todo bien por acá. ¿Y ustedes? ¿En qué andan? —Aquí todos dormidos todavía —dije, mientras mi mano libre se deslizaba sin querer por el bulto que ya se insinuaba bajo el piyama—. Ángela sigue en la cama y yo… a punto de meterme a la ducha. —Una mentira piadosa. No había agua lo suficientemente fría para lo que necesitaba en ese momento. El silencio que siguió no fue incómodo, sino electrizante. Como si ambos supiéramos que estábamos jugando con fuego, pero ninguno quisiera apagarlo. —José salió temprano —dijo Alba finalmente, y pude imaginar su boca formando las palabras, esos labios que siempre pintaba de un rojo discreto pero ...
... provocador—. Los chicos también se fueron… así que estoy sola. Organizando el clóset. Necesito mover un mueble y… bueno, pensé en ti. Sola. La palabra resonó en mi cabeza como un eco en una catedral vacía. Sola. Cuatro letras que me hicieron tragar saliva con fuerza. —Claro, Alba —respondí, sintiendo cómo la sangre abandonaba mi cerebro para concentrarse en otro lugar—. Subo en veinte minutos. —O menos, pensé, mientras colgaba y miraba hacia la alcoba donde Ángela seguía durmiendo, ajena a la traición que ya empezaba a gestarse. Mi esposa seguía sumida en ese sueño profundo de las mañanas lluviosas, su respiración calmada marcando el ritmo bajo las sábanas revueltas. Sabía que lo correcto era avisarle, así que entré en la alcoba con pasos silenciosos, sintiendo ya la humedad de la ducha anticipándose en mi piel. El agua cayó sobre mi cuerpo como una caricia tibia, pero ni el jabón ni el roce de la toalla lograron borrar las imágenes que ya bailaban en mi mente. Me vestí con cuidado, eligiendo esos jeans oscuros que sabía me ajustaban justo donde debían – modo comando, mi pequeño secreto, esa costumbre de andar sin ropa interior que siempre añadía un peligro delicioso a cualquier situación. La camisa de manga larga la remangué sin ceremonia, dejando al descubierto mis antebrazos marcados. No era casualidad. —¿A dónde vas…? —la voz de Ángela, cargada de sueño, surgió desde el montón de almohadas. —Salgo un rato —le susurré mientras mis labios rozaban su frente en un ...