1. Alba (1): Vecina con hija


    Fecha: 07/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: danynitajo, Fuente: CuentoRelatos

    ... beso automático. El aroma a crema nocturna de su piel me recordó por un instante lo que estaba a punto de arriesgar.— Voy al taller… ese camión de la empresa de valores está dando problemas. No tardo.
    
    Mentira. Mentira gruesa y deliciosa. Dejé el cuarto sumido en esa penumbra azulada de la mañana invernal y me dirigí a la sala, donde el sofá recibió mi peso con un crujido discreto. Los diez minutos de espera se convirtieron en una agonía dulce.
    
    Y entonces vinieron las imágenes, nítidas, implacables:
    
    Alba. Siempre Alba. Su melena azabache que olía a coco y sal cuando el viento de la playa la envolvía, esos ojos oscuros que parecían saber exactamente el efecto que causaban en mí. Recordé con lujo de detalle aquella vez en la piscina del edificio, cuando salió del agua con ese bikini azul eléctrico que se le pegaba al cuerpo, revelando pezones erectos bajo la tela mojada. Dios, esos senos – firmes como pomelos maduros, que se mantenían altivos con cada paso, desafiando la gravedad y mi cordura.
    
    Mi mente viajó más abajo, a su ombligo perfectamente cincelado, ese vientre plano que se arqueaba cuando se reía. Y sus caderas… ese balanceo hipnótico que hacía que hasta el más gay de los hombres volviera la cabeza. Las nalgas redondas que llenaban mis sueños húmedos, esas piernas largas y torneadas que parecían esculpidas para enredarse alrededor de mi cintura.
    
    A sus 43 años, Alba era un monumento a la sensualidad femenina, una combinación explosiva de experiencia y ...
    ... vitalidad que me tenía atrapado en sus redes desde hacía años. Y ahora, por primera vez, había una posibilidad real de que dejáramos de ser solo fantasías el uno para el otro.
    
    El reloj marcó que era hora. Me levanté del sofá, ajusté mi erección incómoda dentro de los jeans demasiado ajustados, y respiré hondo antes de salir. El ascensor me esperaba, y cuatro pisos más arriban, mi destino – o mi perdición – también.
    
    En mi divagación pasaron quince minutos. Le marqué.
    
    —Hola, Martín —respondió enseguida—. ¿Ya subes?
    
    —Sí —dije, con un leve titubeo en la voz—. Ya pido el ascensor… voy.
    
    Mientras esperaba el ascensor, cada segundo se hacía eterno. Mis dedos tamborileaban contra el muslo con nerviosismo, mientras la entrepierna de mis jeans -ya demasiado ajustados- se volvía insoportablemente tensa. La ansiedad y la excitación se mezclaban en un cóctel peligroso, haciendo que cada latido resonara en mis oídos. ¿Era impaciencia por la demora del maldito ascensor, o por lo que podría ocurrir en ese apartamento cuatro pisos más arriba? Mi mente no dejaba de proyectar imágenes prohibidas: Alba inclinándose frente a mí, ese escote generoso, sus labios entreabiertos…
    
    Cuando por fin llegó, vacío y silencioso como complaciendo mis intenciones, presioné el botón del piso 16 con un dedo que casi temblaba. El ascenso fue una tortura deliciosa -cada piso que pasaba me acercaba más a ella, a ese momento que llevaba años imaginando. Podía sentir cómo mi erección palpitaba contra la ...
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