1. Alba (1): Vecina con hija


    Fecha: 07/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: danynitajo, Fuente: CuentoRelatos

    ... tela áspera del denim, recordándome lo precario de mi situación.
    
    Al salir, giré automáticamente a la derecha -conocía ese pasillo demasiado bien. El timbre sonó como un disparo en el silencio del edificio. Un minuto de agonía… hasta que escuché pasos. ¿Voces? Mi corazón se hundió por un instante – ¿no estaría sola después de todo? La decepción me golpeó como un puño, hasta que…
    
    La puerta se abrió, revelando no a Alba, sino a Miranda. Dios santo. Su melena rubia brillaba como oro bajo la luz del pasillo, esos ojos azules heredados brillaban con la energía despreocupada de sus 19 años. La camisola anudada sobre el ombligo dejaba ver un lunar que nunca antes había notado, y esos shorts blancos… cristo, tan cortos que con cada movimiento casi podía vislumbrar el comienzo de sus nalgas perfectas. La tela se estiraba de manera obscena sobre sus curvas, dejando poco a la imaginación.
    
    —¡Holaaa, Martín! —su voz sonó como un canto, demasiado inocente para la imagen que presentaba. Me abrazó con esa familiaridad de siempre, pero esta vez su cuerpo se presionó contra el mío con una cercanía que me hizo contener la respiración. Sus pechos jóvenes y firmes, apenas contenidos por el top, se aplastaron contra mi pecho. El beso en mi mejilla dejó el aroma dulzón de su gloss.
    
    Antes de que pudiera articular palabra, ya se alejaba corriendo hacia el ascensor, dándome una vista trasera que me dejó seco. Los shorts se le metían entre las nalgas con cada paso, revelando su forma ...
    ... perfecta, redonda como melocotones maduros. La tela blanca se volvía casi transparente bajo las luces, insinuando las curvas que escondía.
    
    —¡Qué pena! Voy volando —gritó mientras el ascensor se cerraba—. Pablo me espera abajo… ¡a la playa! ¡Chao!
    
    El ascensor se tragó su risa juvenil, dejándome solo en el pasillo, con la puerta entreabierta y una erección que amenazaba con reventar la costura de mis jeans. Miranda se había ido, llevándose consigo esa energía fresca… pero dejándome con la certeza de que Alba estaba sola. Completamente sola.
    
    El aire pareció espesarse mientras cruzaba el umbral, cada paso acercándome más al peligro, más a la posibilidad de hacer realidad años de fantasías reprimidas. La puerta se cerró tras de mí con un click sordo, como sellando mi destino.
    
    —¿Alba…? —llamé, sintiendo cómo mi voz sonaba más ronca de lo habitual. El nudo en mi garganta se tensaba con cada latido acelerado de mi corazón.
    
    Desde las profundidades del apartamento, su voz me envolvió como terciopelo caliente:
    
    —¡Adelante, Martín! —ese tono suyo, meloso y juguetón, hizo que el denim de mis jeans se volviera aún más ajustado—. Ya escuché a Miranda salir. Siempre hace tanto escándalo…
    
    Cada paso hacia su habitación era una tortura deliciosa. El apartamento olía a ella – a ese perfume caro con notas de vainilla y jazmín que siempre me volvía loco. Pasé junto al sofá donde tantas veces nos habíamos sentado “como amigos”, junto a la cocina donde sus risas inocentes escondían ...
«1234...»