1. Alba (1): Vecina con hija


    Fecha: 07/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: danynitajo, Fuente: CuentoRelatos

    ... miradas cargadas. El pasillo parecía extenderse eternamente, cada centímetro alimentando mi anticipación.
    
    Cuando llegué a su dormitorio, el walking closet estaba entreabierto como una invitación. Toqué la puerta con nudillos que temblaban levemente.
    
    —Pasa, Martín —su voz salió desde dentro, y al empujar la puerta, el espectáculo que se presentó ante mí casi me hace perder el aliento.
    
    Alba, diosa de carne y hueso, estaba subida en una pequeña escalera, alcanzando unas cajas en el estante superior. Esa falda corta se había deslizado peligrosamente hacia arriba, revelando muslos de porcelana y el borde de unas bragas de encaje negro que apenas contenían sus curvas. El top sin mangas se le había levantado, mostrando un trozo de espalda suave y ese lunar cerca de la cintura que tantas veces había imaginado besar.
    
    —Hola… —logré articular, sintiendo cómo la sangre abandonaba mi cerebro para concentrarse muy al sur.
    
    Al girarse, el escote de su top reveló más de lo que ocultaba. Sus pechos, redondos y firmes, se movían con una gracia hipnótica bajo la tela fina.
    
    —Martín, gracias por venir —su sonrisa era un pecado—. Ese mueble es el problema —señaló con un dedo perfectamente manicura do hacia el pesado armario.
    
    Mientras bajaba de la escalera, no pude evitar notar cómo sus pezones se endurecían bajo la tela, marcándose con una claridad obscena. El beso de saludo en mi mejilla duró un segundo demasiado largo, sus labios suaves rozando mi piel, su aliento caliente ...
    ... en mi oído.
    
    —Quiero moverlo allá —explicó, señalando con un movimiento de cadera que hizo que mis dientes se apretaran—. Para poner la zapatera.
    
    Al abrir el mueble, el descubrimiento fue eléctrico: lencería negra de encaje, corsés rojos con ligueros, tangas diminutas que no cubrirían nada. El aire se espesó instantáneamente.
    
    —¡Dios mío, qué vergüenza! —Alba se sonrojó, pero sus ojos brillaban con algo más que vergüenza.
    
    —No te disculpes —respondí, pasando un dedo sin querer sobre un sostén de seda negra—. José es un hombre afortunado.
    
    El silencio que siguió fue tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Mis palabras siguientes salieron solas, crudas, imposibles de retener:
    
    —Me vuelve loco imaginarte con esto puesto.
    
    Su respiración se aceleró visiblemente. Sin decir nada, comenzó a sacar las prendas con manos que temblaban levemente. Cada prenda era una revelación: medias que se deslizaban como serpientes sobre mi piel, sostenes que prometían maravillas, cinturones de ligueros que imaginé abriendo con los dientes.
    
    Cuando nuestras manos se encontraron entre la seda, la chispa fue palpable. Alba no retiró la suya de inmediato, dejando que el contacto se prolongara, que el mensaje se transmitiera sin palabras.
    
    El mueble vacío fue fácil de mover, pero la tensión entre nosotros pesaba más que toda la madera del mundo. Cuando terminamos, su ofrecimiento de algo de tomar sonó como lo que realmente era: una invitación a quedarme, a ir más allá, a convertir ...
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