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Intercambio entre hermanas - completo (cap. 04)
Fecha: 09/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos
... gustar. —Ah, ¿sí…? —pregunté intrigado—. ¿Y de qué se trata…? Alguna de tus locuras, seguramente… Ana había puesto sus brazos en jarras y movía las caderas de izquierda a derecha y viceversa sin mover los pies del suelo. La falda revoloteaba sobre sus muslos en cada giro. —Bueno… —replicó—. Tal vez sea una locura, pero seguro que te entusiasma… Será… como un regalo que te hago… —¿Un… regalo…? Se pasó la lengua por el labio superior y me miró con lascivia. —¿Te gustaría jugar a… lo que viste aquella tarde…? Me atraganté al oír sus palabras. Su sonrisa había cambiado a modo «inocencia pura» y tuve la sensación de estar ante una adolescente real. —¿A qué te refieres…? —pregunté con la lengua pegada al paladar. —¿No lo entiendes…? —se colgó de mi cuello, aunque su cuerpo lo mantenía apartado del mío en esta ocasión—. Pues es muy fácil… Vi venir lo que iba a decir y tragué saliva, la garganta hacía rato que se me había secado. —Es un juego en el que tú me espías desde la puerta… y yo me toco… El corazón se me saltó dos sístoles, por lo menos. —Joder, Ana… ¿Cómo vamos a hacer eso…? ¿Qué pasaría si se enterara tu hermana…? Me echa de casa, seguro… —Jajaja… —su risa era cristalina, preciosa—. Pero, bobo, ¿cómo te va a echar de esta casa si es tuya…? Sus palabras volvían a ganar la partida. Siempre lo hacían, aquella chiquilla era un torbellino y era difícil resistirse a ella. Aun así, me defendí como pude. —Bueno, mira, cuñada… ...
... —desenlacé sus brazos de mi cuello—. Yo me tengo que ir a trabajar… Tú haz lo que quieras… Si te da morbo recordarlo, adelante… Pero es mejor que yo no esté presente… Ana reía al ver mi azoro. Cuando me empezaba a retirar caminando hacia atrás, ella se sentó en la cama con un movimiento que obligó a la falda a levantarse, dejando la casi totalidad de sus muslos a la vista. La parte central de la falda, sin embargo, había sido protegida por las manos de modo que su vulva quedaba oculta. —Vale, pues vete… —dijo al verme escapar—. Pero yo voy a tocarme de todas formas… Si quieres mirar o no desde el otro lado de la puerta… allá tú… * Salí de la habitación y casi corrí por el pasillo hasta llegar a mi cuarto. Estaba tremendamente acalorado y mi erección dolía dentro del pantalón. Si no me calmaba iba a tener que masturbarme para rebajar la tensión de mi entrepierna. Bebí con la boca debajo del grifo y luego me lavé la cara con el agua más fría que conseguí tras dejarla correr. Unos segundos después me sentía mucho mejor. Al menos, la erección empezaba a ceder. Decidí salir de la habitación y dirigirme al salón donde había dejado mi ordenador portátil. Mi plan era leer el correo del día y responderlo en la medida de lo posible. En ningún caso haría una llamada a nadie del trabajo, porque podría liarme con algún marrón pendiente. Ese tipo de trabajo maquinal y aburrido me permitiría calmarme del todo, estaba seguro. Llevaba cinco minutos leyendo y respondiendo emails, ...