1. Fany, la cornuda, capítulo 6


    Fecha: 11/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Homelander, Fuente: TodoRelatos

    ... sentía increíble, ¡todo era taaan emocionante!—. Pero no hice eso que tú —recompuso rápidamente—. Solo lo vi.
    
    Él carcajeó con honestidad y ella le siguió avergonzada. Cuando bajaron la velocidad, él habló primero.
    
    —Ok —dijo seriamente—. Solo para aclarar, lamento lo que te dije más temprano. No es cualquier cosa y tú eres una chica que vales mucho —tomó su mano—. Quien sea tu gran elegido para ese enorme honor, es muy afortunado, porque vales un chingo y porque eres hermosa —dijo apretando su mano, mostrando su destructora sonrisa y con un tono de voz profundo y agradable.
    
    —¡S-sí, gracias! —dijo sonrojada.
    
    Soltó su mano. Se puso de pie, miró a lo lejos y ella respiró aliviada.
    
    —¿Se te antoja algo?
    
    Paulina parpadeó, sorprendida por la propuesta tan casual. Estuvo a punto de decir que no, que estaba bien, que quizá otro día. O nunca, como seguramente hubiera sido si no aceptaba en ese instante, de algún modo lo sabía. Sobre todo, que tenía que irse, que quería irse más bien. Huir, poner tierra de por medio entre ella y la intoxicante presencia de Mario.
    
    Pero no fue capaz.
    
    Asintió torpemente, aún con la mente embotada por todo lo dicho y lo no dicho.
    
    Y así, sin planearlo, sin saber realmente a dónde, comenzaron a caminar. Bueno, sin ella saber a dónde, él parecía tenerlo claro, iba a lado de ella, pero era evidente que sabía exactamente a dónde se dirigía y lideraba la caminata sin decirlo. Ella lo seguía a paso corto, sin hacer preguntas. A esas ...
    ... alturas, Paulina ya no se sentía lista para irse. Había algo en la forma tan firme en la que Mario caminaba, en la forma relajada en la que se metía las manos en los bolsillos y giraba en las esquinas con una seguridad tranquila, que la hacía querer seguirlo. Como si confiar en él fuera más fácil que pensar demasiado.
    
    Llegaron a un pequeño local pintado de colores pastel, con letras cursivas sobre la marquesina:
    
    “Nieves Artesanales Don Chente”.
    
    Mario saludó al señor del mostrador como si ya hubiera ido antes mil veces.
    
    —Deme uno de lúcuma para mí… y otro igual para ella.
    
    Paulina iba a protestar. No sabía qué era “lúcuma”. Pero él la miró con una media sonrisa.
    
    —Confía en mí. Es raro, pero está buenísima.
    
    La nieve era color mostaza pálido, con textura densa y cremosa. Se sentaron en una banca junto al puesto, entre arbustos floreados. Paulina le dio una primera lamida dubitativa, y su rostro se iluminó en una mezcla de asombro y delicia.
    
    —¡Wow! ¿qué es esto?
    
    —Te dije —rio Mario, viendo su expresión con satisfacción—. Es una fruta peruana. No tiene sentido lo rica que está, ¿verdad?
    
    —Sabe como a maple… y a nuez… pero frutal… ¡no sé! ¡wow!
    
    —Ajá, como a galleta también. Es adictiva.
    
    Comieron en silencio un rato. Ella sentía la brisa fresca de la tarde moviéndole el cabello, el dulzor cremoso derritiéndose en su boca, el sabor completamente nuevo expandiéndose por su paladar y la extraña compañía inquietantemente cómoda. El helado se terminó rápido, ...
«12...91011...18»