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Mi castillo.
Fecha: 11/06/2026, Categorías: Incesto Sexo con Maduras Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30
Vivíamos en un departamento solos mamá y yo. Mi padre se había mudado cuando yo tenía unos cuatro años. Desde entonces ella se hizo cargo de mí. Mamá ya tiene su edad, veinticuatro años me parecen muchos, pero ella se mantiene joven y se ve muy bonita. Es bastante alta, pero no demasiado. Tiene cabellos rubios muy cortos y su seno puede decirse que es de tamaño mediano. A los seis años comencé a asistir a la escuela primaria junto con otros chicos y chicas de mi edad. Me divertía mucho jugando con mis amigos, pero las chicas no me interesaban en absoluto. ¡Lloraban por cualquier cosa y jugaban con muñecas! ¡Tonterías! Pero, así como el tiempo pasaba, me fui sintiendo atraído por ellas. Sentía unas ganas enormes de explorarlas, solo que no tenía ninguna amiga. Entonces, ¿cómo se suponía que iba a poder explorar a alguna de ellas? Era demasiado tímido para acercarme siquiera a hablarles. Sentía vergüenza de preguntarles cualquier cosa. Me di cuenta de que mamá es una chica, claro que con muchos más años que mis compañeras, tengo confianza con ella y se me ocurrió que podía preguntarle. Una lluviosa tarde de invierno, mamá y yo estábamos en la sala de estar. Era fin de semana y no podía ir a ninguna parte, estaba aburrido. En aquel momento se me ocurrió construir un castillo y jugar a la guerra. Junté las sillas del comedor y con los cojines del diván, más algunas almohadas, hice los infranqueables muros que me protegerían de los ataques de los monstruos ...
... enemigos. Lógicamente que, para estar calentito, lo construí justo al lado del calefactor, que durante el invierno estaba encendido día y noche. Claro que todo cerrado, la temperatura al interno de mi castillo era casi tropical, pensé que estaría más cómodo de ese modo. Fui a buscar mi saco de dormir para utilizarlo como material de construcción y también cubrí algunos forados con tapetes. Por supuesto, mamá no me perdía ojo, estaba atenta a todo mi trabajo de construcción, se veía linda como una princesa, pero había un poco de recelo en su mirada cuando arrastré algunas alfombras para terminar los muros de mi castillo. —¡Bernardo! … Después vas a tener que volver a colocar todo en su lugar, ¿no? … —Claro que sí, mami … No te preocupes … —¿Y qué vas a hacer con esas alfombras? … —Me falta el techo, mami … Tego que terminar de construir mi fortaleza … Vas a ver que nada podrá contra nosotros cuando mi castillo esté terminado … No puede haber ningún agujero, ¿sabes? … Ella me sonrió, se acercó a mí y me dio un gran beso en la mejilla. Por supuesto que me limpie la cara de inmediato. Un caballero en armadura no podía recibir un beso de su madre, pero una extraña sensación me conmovió. —¡Oh!, tu castillo se ve genial, ¿puedo echarle un vistazo? … —Pero no está terminado … Me falta el techo y no puedo hacerlo solo … La silla … ¡Ehm! … ese muro se mueve … ¿Me ayudas? … Juntos acomodamos las alfombras y cubrimos la parte superior. Con el techo en su lugar, di por ...