1. Mi castillo.


    Fecha: 11/06/2026, Categorías: Incesto Sexo con Maduras Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30

    ... piernas bien juntas, tratando de ocultar de mis ávidos ojos lo que yo realmente quería ver. Se recostó sobre el banco siempre con sus piernas bien juntitas.
    
    —¿Dónde te duele? …—Le pregunté.
    
    —Por mi estomago y mi rodilla …—Respondió.
    
    —¡A-ha! … Entonces tendré que examinarte toda …
    
    Comencé a explorarla tocando su cabeza, su cuello; bajé lentamente por su pecho y sentí sus suaves y esponjosos senos. Mis manos eran muy pequeñas para abarcarlos por completo, los amasé suavemente y acaricie sus pezones que estaban muy duritos y sobresalían bastante. Continué hacia abajo sintiendo sus costillas y me detuve sobre su estómago, acaricié su ombligo y le di unos besitos de curación.
    
    Enseguida seguí por su vientre liso hasta donde comenzaban a crecer unos vellos dorados y rizados. Cuando mamá sintió mis dedos sobre sus pelitos, tomó mi mano y me detuvo antes de que yo siguiera más abajo.
    
    —No me siento tan cómoda si me tocas esa área …
    
    —¡Pero mami! … Un médico examina todo … Además, tú también me controlaste allí …
    
    —Esa es mi zona íntima … Además, un hijo no debería tocar a su madre allí …
    
    —Eso no es justo … ¿Por qué siempre tu puedes y yo no puedo? … ¿Por qué? …
    
    Mamá se quedó pensativa unos instantes y luego me dijo.
    
    —Bueno … Puedes … Pero con una condición …
    
    —Sí … ¿Y cómo sería eso? …
    
    —No podrás decírselo a nadie lo que hemos hecho tú y yo … Eso será siempre un secreto entre tu y yo … ¿Entiendes? …
    
    —¡Sí, mamá! … Claro … Te lo prometo ...
    ... …
    
    —Entonces hazlo … Ten mucho cuidado … Hombres y mujeres somos muy sensibles ahí abajo …
    
    —Sí, mami …
    
    Entonces ella abrió sus piernas y las dejo colgando a ambos lados del banco. Entonces me senté entre sus piernas. Lo primero que vi fue esa grande mancha de vellos dorados como un triangulo invertido, que poco a poco se estrechaba hacia la convergencia de sus piernas. Había un montículo donde crecían sus vellos que se esparcían más abajo ocultando una especie de boca con labios muy apretaditos y desde donde parecía aflorar una lonja oscura de su carne. Indudablemente había allí un surco que dividía a mitad esos labios gorditos.
    
    Debajo de esa elevación hirsuta de vellos rubios, en medio a esos labios había una hendedura que escondía algo. Por historias y rumores, sabía que ahí había una especie de agujero, pero no lo vi por ninguna parte. Serenamente puse mis dedos en esos enmarañados vellos que semejaban a una melena leonina, miré a mamá interrogativamente y ella me dijo.
    
    —Esos son mis vellos púbicos …
    
    Continué con mi exploración, dejando que mis manos se deslizaran por su piel en medio a ese misterioso surco que emanaba un vaho de temperatura más alta. Rocé esa delicada piel y constaté que esos labios se podían separar y los separé levemente. Mamá emitió un tenue quejido y me sobresalté.
    
    —¿Te hago daño, mami? … ¿Qué es esto? … ¿Hay un agujero aquí? …
    
    Pregunté realmente sorprendido.
    
    —No … No me duele, cariño … Los que estás separando son mis labios vaginales … ...
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