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Carita de ángel. Capítulo 1
Fecha: 12/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: cristinar, Fuente: RelatosEróticos
Ahí estaba Joaco, con sus mejillas ya tomando color. SI no tuviera la piel marrón, parecería un tomate. A pesar de que era mi sobrino, apenas nos habíamos conocido hacía dos semanas, en la cena de navidad. —Pasá. ¿Querés tomar algo? —le pregunté. Le regalé una sonrisa cálida, para que se relajara. Había intuido que iba a estar algo nervioso cuando estuviéramos a solas. Eso generó mucha ternura. En la fiesta de noche buena había estado igual. Pero aún así se animó a sacarme a bailar. No era ajena a la atracción que generaba en los hombres, como tampoco ignoraba que esa atracción no desaparecía por el simple hecho de tener lazos sanguíneos conmigo. De hecho, hacía años había tenido una tórrida relación con uno de mis tíos de la que me escapé con el corazón destrozado y la mentalidad pervertida. Esa noche varios primos y cuñados me miraron con mayor atención de la aconsejable, considerando que casi todos habían asistido con sus parejas. Pero Joaquín, de apenas dieciocho años, no contaba con esa restricción. Y a pesar de que claramente lo intimidaba, se animó a sacarme a bailar. Sentía sus manos transpiradas y veía el rubor de su rostro. Una de sus manos se aferraba a mi cintura cuando el ritmo de la música lo requería. Quise ser amable con él. Además, se lo merecía, pues había actuado con valentía. Quise quitarle al menos un poco de su nerviosismo. Conversé con él cuando nos cansamos de bailar y nos sentamos en la mesa repleta de platos dulces. Era el hijo mayor de ...
... Marina, una prima hermana con la que no me llevaba del todo bien, y con quien de todas formas no tenía mucho contacto. Sospecho que envidiaba mi libertad y mi belleza. Joaquín, Joaco para sus amigos, acababa de terminar la escuela y pretendía entrar a la universidad. Me comentó, al pasar, que tenía dificultades con el seminario de comprensión de texto. A diferencia de la mayoría de los chicos de su edad, él era muy hábil con los números, pero no con las letras. Nos agarramos de ese tema aburrido en medio de la celebración. Le comenté que yo había estudiado licenciatura en literatura, aunque jamás me había recibido; y le confesé además era escritora amateur, cosa que no compartía con mucha gente. Por fin logré que el pequeño se sintiera cómodo conmigo. Se veía encantador con esa camisa blanca abotonada casi por completo, y ese cabello con gel peinado hacia atrás. Estaba muy lindo con esa timidez extrema, pero con una arrogancia intelectual siempre brillando en sus ojos. Y entre una cosa y otra terminé comprometiéndome a que lo ayudaría con las clases de seminario, no fuera cosa que quedara excluido de la universidad por una sola materia. Y ahora me preguntaba por qué lo había hecho. Era evidente que no me veía con ojos de sobrino. Durante su niñez yo había estado ausente. Ellos vivían a tres horas del barrio en el que yo había crecido, y eso sumado a que nunca fui muy unida con su madre significó que ese sobrino no fuera más que un desconocido hasta esa fiesta inusualmente ...