-
Carita de ángel. Capítulo 1
Fecha: 12/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: cristinar, Fuente: RelatosEróticos
... estaba en el fuego. Abrí la alacena. Soy petisa, así que para hacer algo tan simple como eso tenía que ponerme de punta de pie. No soy de tomar té, sino café. El café está siempre a mano, pero el té estaba ahí arriba, medio escondido, así que no lo hice a propósito. No estiré mi cuerpo mostrándole mis piernas elastizadas y mi culo pomposo a propósito, no tardé más de lo necesario en esa posición a propósito, no fingí ser una chica torpe que necesitaba de la ayuda de un hombre a propósito. —¿Te ayudo? —preguntó Joaquín. Como es tan joven, y tiene esa cara de ingenuo, es fácil olvidar que es bastante alto. Aunque casi cualquier chico es alto en comparación conmigo. Estaba detrás de mí. Agarró la caja de té que yo no había terminado de tomar. Entonces lo sentí. Fue apenas un roce. Su pelvis se apoyó en mi trasero durante un instante. Un deja vu vino a mi mente. Cuántas veces había vivido algo parecido en el transporte público. Apretada entre el montón de pasajeros, de repente sintiendo una erección clavándose en mi cuerpo. Nunca hice nada por temor. Y ahora también me hacía la tonta, aunque esta vez no me sentí asustada ni incómoda, porque estaba pasando lo que había contribuido a que pasara. Me quedé un rato ahí, a ver si se animaba a hacer algo más, pero se apartó para sacar un saco de té de la caja. De todas formas, estaba segura de que lo había hecho a propósito. Preparé dos tasas de té. Le hice preguntas de ascensor. Nada interesante. Solo quería que pasara el ...
... tiempo conmigo, y no quería incomodarlo tocando temas que para él serían muy complicados. Y lo de hace unos minutos quedó flotando en el aire. Se estaría preguntando si noté cuando se apoyó en mí. Debía de ser todo un dilema para él, porque si la respuesta era que sí, entonces no me había mostrado molesta, lo que podía leerse como que le daba permiso para hacer algo más. Si la respuesta era no, entonces si me ponía una mano encima corría el riesgo de que hiciera un escándalo. Pobre sobrino. Quizás debía darle una pista más evidente. —Lavo las tazas y bajo a abrirte —dije, cuando llegó la hora de que el pequeño se fuera—. Disculpá, pero soy un poco obsesiva, no puedo dejar la taza sucia. —No pasa nada. Si apenas te va a tomar unos segundos —comentó él. Se puso a mi lado. Agarró un repasador para secar las tazas. Se arrimó demasiado a mí. Su cadera tocó la mía. Desde chica tuve algo que iba más allá de mi belleza. Algo que despertaba en los hombres la sensación de que yo estaba siempre caliente. Que cada gesto, cada palabra, cada mirada eran para seducir. No lo hacía a propósito, me salía con total espontaneidad. Pero no dejaba de ser cierto. Quizás era mi propia calentura la que, sin darme cuenta, se reflejaba en mis gestos, en mis movimientos, en mis miradas. De hecho, mientras tenía a Joaco a mi lado sentía mi bombacha mojada y mi sexo hinchado. Supongo que en algún lugar de su mente él se dio cuenta de eso, porque de repente sentí su mano en mi cintura. No hice ...