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Carita de ángel. Capítulo 1
Fecha: 12/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: cristinar, Fuente: RelatosEróticos
... Su molestia remitió. Ahora parecía un amo sometiendo a su sirvienta. Le gustaba eso. A los hombres les gustaba eso. Verme debajo de ellos, desnuda, complaciente, sometida, entregada. Los hace sentir superiores. La mujer que se cruzaban en la calle, o que conocían de pasada, de repente estaba a su merced. La angelical chica inalcanzable ahora totalmente alcanzable, y dispuesta a aceptar las órdenes más obscenas. Lamí la pija de mi vecino. Ya podía presagiar el futuro con él. Su enamoramiento se iba a transformar en una lujuria obsesiva. Si volvía a llevármelo a la cama se convertiría paulatinamente en otro tío Eduardo. Pero no le daba el cuero para reemplazarlo. Rubén, con sus movimientos bruscos, hacía mi tarea oral complicada. Pero mi experiencia me permitió coordinar los movimientos de su embestida con las de mi boca. Succioné la pija de Ramiro. Escuché su gemido. Si había algo que me excitaba era ver el placer que generaba en los demás. En el fondo era una geisha. Solo me desprendí de ella cuando acabé. No, no fue mérito de Rubén, aunque él lo festejaba como si lo fuera. Ni siquiera fue mérito de Joaquín. Era mi calentura superlativa, el deseo de trasgredir las normas morales una vez más. Sí, me iba a coger a ese pendejito. Iba a enloquecerlo. Iba a hacerlo sufrir. Iba a marcar un antes y un después en su vida. Iba a enseñarle lo que era cogerse ...
... a una verdadera mujer. Todo eso me había dejado a punto caramelo desde mucho antes de que mi vecino y ese intruso entraran en mi departamento. De ahí venía el orgasmo, y no de esa linda pija con la que ese veterano me taladraba la concha. Ramiro acabó, sin siquiera avisarme. Al menos no lo hizo adentro, sino que enchastró mi rostro con su semen. Carita de ángel manchada con wasca. Ese contraste también solía volver locos a los hombres. Y por lo visto a Rubén también. Porque enseguida quiso imitar a su amigo. Dejó de penetrarme. Se quitó el preservativo. Se subió a la cama. —A ver, quiero ver esta cara de nena llena de leche —dijo. Y descargó su orgasmo sobre mí. Ambos eyacularon con abundancia. Sentía el líquido viscoso deslizándose por mi piel—. Qué pedazo de puta. ¿De dónde saliste, pendeja? —me dijo, mientras azotaba su verga, cada vez menos dura, sobre mi cara. Sali de tus sueños y tus pesadillas. Salí de todas las películas pornográficas que viste. Salí de las perversas entrañas del patriarcado. Me fui a lavarme la cara. Me puse el vestido. Les dije que tenía que irme enseguida. Por suerte no me molestaron. No sería la primera vez que un amante que temía no volver a verme se atrincherara en mi departamento para violarme durante todo el día. Cuando fui a dormir contesté el mensaje de Joaquín. “Te perdono, pero tenemos que hablar”, l