1. Carita de ángel. Capítulo 1


    Fecha: 12/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: cristinar, Fuente: RelatosEróticos

    ... nada. Entonces Joaco me atrajo hacía él. Lo miré, fingiendo sorpresa, pero no dije nada. Arrimó sus labios a los míos. Un movimiento veloz. Casi lo logra. Lo esquivé. Reí nerviosa. Siempre reía en esas situaciones, y eso hacía que los hombres se entusiasmaran incluso cuando realmente no tenía ganas de nada. Intentó otro beso. Lo esquivé. Pero me besó la mejilla. Me la lamió. Dejó baba en mi piel. Su mano bajó hasta mi trasero. Lo palpó e intentó besarme por tercera vez.
    
    Me aparté de él, con la cabeza gacha. Sequé las tazas y las guardé.
    
    —Vamos —dije, dirigiéndome a la salida.
    
    Joaquín quedó estupefacto. Luego agarró su mochila y me siguió.
    
    —Disculpá. Es que pensé que… —dijo.
    
    —¿Que te ibas a coger a tu tía? —pregunté.
    
    No me mostré molesta, y ya ni siquiera sorprendida. Me crucé de brazos, arrinconada en una esquina del ascensor. El trayecto sería demasiado corto como para que se animara a hacer algo más.
    
    —No vemos la próxima —dijo él, cuando nos despedimos en la puerta del edificio.
    
    No le respondí. Esperaba que por la noche le costara dormir. No era mi intención cogérmelo esa misma tarde. No porque no tuviera ganas, sino porque no quería hacérsela tan fácil. De hecho, que se fuera habiéndome manoseado era algo que iba mucho más lejos de lo que esperaba en nuestro primer encuentro. Que un chico tan tímido como él se animara a semejante cosa, solo se explicaba por mi habilidad de verme siempre excitada. Era mi karma y mi don. Pero también tenía que darle ...
    ... crédito a él.
    
    Mi idea era calentarlo de a poco. Que en cada encuentro se deleitara con mi aspecto. Que se sintiera con mayor confianza, que se animara a decirme cosas lindas. Luego me mostraría inaccesible. Lo haría sufrir. Antes de llevarlo al paraíso lo haría transitar por el infierno. Pero lo mantendría cerca, siempre con una pisca de esperanza, siempre impredecible, indescifrable. Quería cocinarlo a fuego lento. Ya tenía otros con quienes podría desahogarme con un polvo pasajero. Él en cambio era mi sobrino, mi sangre, él era lo prohibido, y quería disfrutar de cada instante de ese acercamiento clandestino. Pero todo se había precipitado.
    
    Me escribió ese mismo día, pidiéndome disculpas. Lo dejé en visto. Por suerte no resultó tan intenso como temía. No volvió a escribirme por ese día.
    
    Claro que lo perdonaría. Lo perdonaría, lo recibiría de nuevo en mi casa, y nos entregaríamos al verdadero amor, al amor incestuoso. Mi cuerpo temblaba de solo pensar en él. Aunque no tanto en él, sino en lo que provocaría en mi ser coger de nuevo con un pariente cercano. Tío Eduardo era el hermano menor de papá. Por la diferencia de edad que tenía con él no tenían una verdadera unión parental. Quizás por eso tío Eduardo no tuvo muchos problemas en cogerse a la hija de su hermano. O quizás simplemente era un degenerado como yo. ¿Qué hiciste conmigo tío Eduardo? Ahora ningún orgasmo parece lo suficientemente intenso, ninguna pija parece lo suficientemente hermosa, ninguna experiencia ...
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