1. Por favor Doctor, cure a mi hija ninfómana


    Fecha: 12/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Ayra Ross, Fuente: TodoRelatos

    —Doctor —pronunció el señor—, tiene que curar a mi hija.
    
    Apenas había podido decir palabra una vez me había abierto la puerta. Me cogió del brazo y me arrastró dentro de la casa.
    
    Aquel señor canoso me había pedido una consulta privada en su casa para su hija, que llevaba varios días comportándose raro.
    
    Decía que al llegar la noche su comportamiento cambiaba por completo. Hacía cosas…lascivas. Sus ojos se tornaban oscuros y hasta que no quedara satisfecha no volvía a su ser.
    
    Dos noches atrás su padre la había pillado follándose un dildo doble en la encimera de la cocina, y en lugar de parar cuando lo vió entrar, siguió cabalgándolo hasta llegar al orgasmo.
    
    Él la intentó parar, pero cada vez que intentaba acercarse, ella trataba de aferrarse a su pantalón y bajarle la bragueta, así que su padre decidió esperar encerrado en su habitación hasta que la noche pasara.
    
    Por eso ahora la ataba a la cama todas las noches con la espera de que algún día no gimiera y aclamara que alguien la tocara por la noche. Pero ese día nunca llegó.
    
    Y esta noche no iba a ser la excepción.
    
    Me abrió la puerta de la habitación.
    
    Incluso desde fuera podía escuchar los gemidos y pequeños quejidos de su hija.
    
    La joven, que apenas tendría unos veinte años, se encontraba atada a la silla del escritorio con un camisón que apenas le cubría el vello púbico. Sus pezones se veían a través de la tela sudada y de su boca entreabierta colgaba un hilo de saliva.
    
    —Mire Doctor —me dijo ...
    ... él, y apuntó hacia el pubis de su hija—. Da igual cuanto trate de limpiarla, ella sigue mojándose.
    
    La luz de la luna se reflejaba en el flujo que empapaba su coño y caía al suelo haciendo un gran charco de baba vaginal.
    
    La joven soltó un gemido y abrió los ojos. Su mirada viajó de su padre hacia mí, y aunque trató de hablar, no salieron palabras coherentes de su boca, solo gemidos y jadeos.
    
    —Por favor, Doctor. Tiene que curarla —me suplicó él y luego se dirigió a su hija—. Mi linda Verónica, él te ayudará.
    
    La joven se retorció en la silla y los primeros botones del camisón se rompieron, dejando al aire sus dos grandes pechos. Se agitó de nuevo, y un poco de su saliva cayó en sus pechos.
    
    Mi pene se tensó por debajo de la tela de los pantalones, y entonces agradecí que la única luz en la habitación fuera la de la luna que entraba por la ventana.
    
    —La curaré —dije finalmente. Mi voz sonó más grave de lo normal—, pero necesito que haga caso a todas mis indicaciones, o tal vez su hija no se cure nunca.
    
    El señor asintió con desesperación.
    
    —Claro Doctor. Haré lo que sea. Pero devuélvame a mi hija, por favor. Algo malo le tiene que estar ocurriendo para que ella actúe así. Con lo recatada que ha sido siempre…
    
    Volví la mirada a la chica, que me miraba con los ojos rojos de excitación y con la lengua fuera mientras se restregaba contra la silla. Luego me volví hacia el padre.
    
    —Asegúrese de que no se suelte —dije.
    
    Él asintió, y se acercó a su hija, sin ...
«1234...»