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Por favor Doctor, cure a mi hija ninfómana
Fecha: 12/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Ayra Ross, Fuente: TodoRelatos
... tocarla, pero prestando atención. Me agaché frente a ella y abrí mi maletín en el suelo. —Primero empezaré con lo más suave. —Saqué dos pinzas para los pezones del maletín. El padre me miró con los ojos bien abiertos, así que añadí—: A veces el dolor nos hace olvidarnos de la parte psicológica. Él asintió, con la respiración agitada. La chica no dejaba de agitarse en la silla, así que tuve que sujetarle el pecho para ponerle las pinzas. Ella gimió al contacto. Eran suaves, y no me cabían en las manos, pero finalmente logré ponerselos. Gimió al instante y echó la cabeza hacia atrás. Un instante después noté mi estómago húmedo. Se estaba meando de placer. —¡Verónica! —exclamó su padre. Y trató de interponerse entre los dos, pero lo frené con un gesto de mi mano. —Mi ropa no importa. Está perdiendo mucho líquido, necesito que traiga agua ahora mismo, o terminará por deshidratarse. Se le entrecortó la respiración por un momento, pero terminó por asentir, y un instante después ya estaba fuera de la habitación. Me había quedado a solas con su hija. Volví la mirada a su entrepierna, brillante por la humedad. Luego la bajé a mis pantalones, también húmedos por su orín, bajo los cuales mi polla palpitaba con urgencia. —Joder —gemí en un susurro. Dolía muchísimo. Si no la bajaba ahora mismo no podría seguir con la sesión debido al dolor. Miré sobre mi hombro, y me la saqué del pantalón. Su padre aún seguía en la cocina. Me incliné hacia la ...
... chica, que levantó el culo del asiento para acercar su coño a mi cara. Suspiré, y mi aliento chocó contra sus labios, lo que le provocó que se agitara de nuevo y salpicara su orín otra vez en mí, pero esta vez en mi cara. No pude contenerme más y hundí mi rostro entre sus piernas. Me tomé el pene y empecé a masturbarme al tiempo que movía la lengua en su interior, desesperado por darle lo que deseaba. Ella no paraba de temblar y gemir, como si se estuviera corriendo un sinfín de veces, y tal vez era lo que estaba pasando. Ella necesitaba más, y yo también. Me puse de rodillas y dirigí mi polla a su entrada. Se deslizó tan fácil que no tuve que ir con cuidado. Lo notaba caliente alrededor de mi polla, me apretaba con cada gemido que soltaba por su boca. Aceleré el ritmo y le metí tres dedos en la boca. —Tal vez solo eres una guarra y tu padre no quiere compartirte con el mundo —gruñí con cada estocada. Ella asintió, relamiéndome los dedos como si de mi polla se tratase. —Oh, si, claro que sí. Eres una guarra. —Le escupí en la boca, y se lo tragó con gusto, tanto que volvió a sacarme la lengua—. Tu padre está perdiendo dinero dejándote aquí encerrada. Seguro que muchos en el barrio darían lo que fuera para dejarte el coño bien lleno. Estaba apunto de correrme, cuando de pronto escuché que su padre subía las escaleras. Traté de apartarme, pero la chica había envuelto sus piernas a mi alrededor, no me iba a dejar salir de su coño tan fácil. Y su padre ...