1. Por favor Doctor, cure a mi hija ninfómana


    Fecha: 12/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Ayra Ross, Fuente: TodoRelatos

    ... sacudió, restregando sus pechos contra mí.
    
    Su padre, con los ojos cerrados, enterró con suavidad sus dientes en el cuello de su hija al acelerar la velocidad. Yo hice lo mismo. Lo envidiaba ahora mismo por no poder estar también enterrado en su culo. Seguro que estaba más estrecho y caliente.
    
    —Tiene que hablarle, que se corra rápido, o al final terminaré por correrme yo dentro de ella. Dígale cualquier cosa que la excite.
    
    El padre me miró solo un instante antes de pasarle la lengua a su hija por la piel, subiendo de su cuello a su oído.
    
    —¿Te vas a portar bien para papi, bebé? —le murmuró al oído, la respiración entrecortada por el esfuerzo que era follarse a su hija tan rápido, tan profundo.
    
    Ella solo gimió en respuesta.
    
    —Era esto lo que querías. Tener a tu papi dentro, con su polla bien enterrada en tí. Cada noche que te has tocado frente a mí, que me has dejado duro, que me has obligado a tocarme en mi habitación pensando en ti, pensando en tus grandes tetas y gran culo, en cómo se sentiría tocarlos.
    
    Dio una estocada profunda, tan fuerte que la sentí en mi propio miembro al entrar de nuevo en ella.
    
    Le estrujo las tetas, luego le dió una palmada en el culo.
    
    —Así, niña mía, córrete en la polla de papi.
    
    Aceleré el ritmo cuando sentí como su coño se apretaba a mi alrededor.
    
    Un instante después estaba descargando toda mi leche dentro de su coño.
    
    De pronto la hija se soltó de mí y se dejó caer hacia atrás con los ojos cerrados, hacia los brazos ...
    ... de su padre. Parecía haberse quedado dormida.
    
    Mi miembro salió flácido de su coño, y mi semen goteó en el suelo.
    
    Me apresuré a guardarlo, pensando en salir lo más rápido posible de allí. Pero su padre no parecía preocupado. Todo lo contrario.
    
    Dejó caer a su hija boca abajo en la cama, y le enterró la polla, pero esta vez en la vagina. El culo de su hija parecía gelatina con cada estocada. Lo azotaba mientras le decía:
    
    —¿No querías leche? Pues toma leche. A ver si así no vuelves a montar este número.
    
    La polla se me empalmó de nuevo, y no lo pensé dos veces antes de sacarla de nuevo del pantalón y empezar a masturbarme con aquella imagen.
    
    La hija, que había quedado inconsciente después de recibir mi semen, abrió los ojos y miró hacia atrás, hacia su padre, que la follaba con ímpetu.
    
    —¿¡Papá!? —exclamó, consternada, como si no recordara nada de lo de antes.
    
    Él le tapó la boca, y con la misma mano hizo que se pusiera de rodillas sin dejar de follarsela, para poder decirle cerca de la oreja:
    
    —Lo hago por ti, mi niña —gruñó, y aceleró el ritmo. Los gritos de su hija se perdían contra su mano—. A que sí, ¿Doctor?
    
    Me sorprendió tanto aquella pregunta que tardé un poco en responder.
    
    —Por supuesto —dije, y me acerqué a la cama—. Pero creo que va a necesitar mi ayuda.
    
    Me subí a la cama de rodillas, frente a su hija y me sujeté el miembro en su dirección.
    
    —Necesito que chupe aquí, que no piense en el dolor. Solo en el placer. Así se curará —le dije ...