1. El Precio de las comisiones (II)


    Fecha: 13/06/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos

    ... pantalón corto deportivo. Mi cuerpo reaccionó de inmediato con un jadeo involuntario. Su rostro, cercano al mío, se extendió en una sonrisa depredadora. Exclama.
    
    ·“No te hagas el inocente ahora, ¿eh? Sé que te gusta, zorrita. Esos cabrones no iban a ser los únicos en disfrutar de este cuerpo tan bonito”.
    
    Su mano ahora dentro de mi pantalón deportivo. Sintiendo su pulgar rozar el borde elástico de mi tanga, haciéndome temblar. Me sentí completamente expuesto, mi ingenuidad se desvanecía con cada una de sus palabras.
    
    Intenté retroceder, pero la pared estaba justo detrás de mí. José Manuel aprovechó, empujándome suavemente hasta que mi espalda tocó el frío yeso de la pared. Su otra mano se posó en mi cintura, atrayéndome más cerca. Podía sentir el calor de su cuerpo a través de la tela de mi camiseta. Dice lascivamente.
    
    ·“Sé que lo deseas, pequeño. Tus ojos no mienten”.
    
    Su mirada se fijó en mis ojos almendrados y penetrantes, luego bajó a mis labios finos.
    
    ·“Y yo sé, cómo hacer que ruegues por más”.
    
    Sin previo aviso, su boca se abalanzó sobre la mía. Fue un beso voraz, posesivo, que me robó el aliento. Su lengua, gruesa y experimentada, invadió mi boca, explorando cada rincón con una habilidad que me desarmó.
    
    Mis manos, indecisas al principio, acabaron por aferrarse a sus anchos hombros. Sentí su erección dura y caliente presionando contra mi pelvis. Un gemido profundo escapó de mi garganta, y él lo absorbió, intensificando el beso.
    
    Cuando ...
    ... finalmente se separó, ambos jadeábamos por aire. Un hilo de saliva conectaba nuestras bocas. Sus ojos, oscuros de deseo, no se apartaban de los míos. Exclamó.
    
    ·“Ahora mismo, vas a cumplir con tu parte, putita”.
    
    José Manuel deslizó una de sus manos por mi espalda, por la zona lumbar, luego bajó sin piedad hasta el borde de mi tanga.
    
    ·“Vamos a ver qué tan bien te has ganado esa comisión”.
    
    Su voz, un susurro ronco, era una orden que no admitía réplica. Sus dedos se engancharon en la tela de mi tanga deportivo y, con un tirón decidido, lo deslizó por mis nalgas respingonas y duras, dejándolas al descubierto. Un suspiro de satisfacción escapó de sus labios al ver mi pene y mis testículos pequeños apenas cubiertos por la prenda.
    
    ·“Mmm... justo como me lo esperaba. Pequeño y delicioso”.
    
    Su mirada era una caricia obscena sobre mi cuerpo. Ordenando.
    
    ·“Ahora, arrodíllate, marica. Y chúpamela como sabes”.
    
    Su voz era un gruñido. Mis rodillas temblaron, pero cedí. Caí al suelo alfombrado, mi mirada fija en su entrepierna. Con un movimiento rápido, José Manuel bajó la cremallera de su pantalón.
    
    Su polla, enorme y gruesa, saltó de su ropa interior, dura como la piedra. No era una verga para un hombre de su edad. Mis ojos se abrieron de par en par. Era más grande que la de Alberto, pero no tanto como la de Braulio. Pero ganaba en grosor, verga de carne pura, venosa y palpitante. Diciéndome.
    
    ·“Anda, putito, no te quedes mirando. Esta es la tuya”.
    
    Acerqué mis labios ...
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