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Enrique, Miguel y yo: Confesiones de una noche loc
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Bisexuales Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... aromáticas crean una atmósfera íntima que contrasta con el bullicio del club al otro lado de la puerta. —«Esto es real. Esto va a pasar»— pienso mientras Enrique cierra la puerta tras nosotros. Los primeros momentos son de una tensión deliciosa. Nos miramos los tres, calibrando, preparándonos para cruzar esa línea invisible que nos separaba de la fantasía. —Llevo toda la noche queriendo besarte —me confiesa Enrique, con esa honestidad brutal que me desarma—. ¿Te parece bien? —Más que bien —respondo, sintiendo cómo se me acelera el pulso. —¿Miguel? —pregunta Enrique, girándose hacia mi marido con respeto genuino. —Joder, sí —responde Miguel con la voz ronca, sentándose en uno de los sillones—. Llevo fantaseando con esto desde hace semanas. —¿En serio? —le pregunto, sorprendida por su vehemencia. —Josefa, amor, verte con otro hombre... —Miguel se pasa la mano por el pelo—. Es la cosa más excitante que he imaginado nunca. —Pues no imagines más —le digo con una sonrisa traviesa—. Mira. Enrique sonríe y se acerca hasta quedar a centímetros de mi cara. —¿Segura? —me pregunta una última vez. —Bésame ya, joder —le susurro, y puedo ver en sus ojos cómo se enciende algo salvaje. Miguel se sienta en uno de los sillones, observador pero participante, y puedo ver en sus ojos la excitación de quien está a punto de presenciar el cumplimiento de una fantasía compartida. Los dedos de Enrique encuentran la cremallera de mi vestido con una destreza que ...
... habla de experiencia. El tejido se desliza por mi piel como una caricia líquida, y siento cómo el aire fresco del reservado besa cada centímetro de piel que va quedando al descubierto. Es una sensación deliciosa, como si miles de plumas invisibles me acariciaran desde los hombros hasta las caderas, revelando el conjunto de lencería que elegí especialmente para esta ocasión. —Dios mío, eres una obra de arte —murmura, y sus manos comienzan a explorar mi cuerpo con una reverencia que me hace temblar. Siento las manos de Miguel, que se ha incorporado, deslizándose por mi espalda, buscando el broche del sujetador. Sus dedos, que conocen mi cuerpo mejor que nadie, desabrochan la prenda con la maestría que proporcionan todos los años de práctica. Cuando el sujetador cae al suelo, el aire fresco acaricia mis pechos liberados, y mis pezones se endurecen instantáneamente, reaccionando tanto al frío como a la expectación. —Joder —exhala Enrique, y veo cómo se le oscurecen los ojos al contemplarme. Sus manos se alzan para acariciar mis pechos con una delicadeza que contrasta con la intensidad de su mirada. Cuando sus pulgares rozan mis pezones, una descarga eléctrica me atraviesa desde el pecho hasta el vientre, y no puedo evitar gemir. La sensación es tan intensa que tengo que agarrarme a sus hombros para no tambalearme. —Tan sensibles —murmura, inclinándose para tomar uno de mis pezones entre sus labios. El calor húmedo de su boca me arranca un gemido que resuena en ...