1. Confesiones a la ginecóloga (parte 1)


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Confesiones Autor: Bishops, Fuente: CuentoRelatos

    ... mullidos pechos de Sabrina.
    
    Ella le había dado su número de teléfono y hablaban por mensajes, de vez en vez. Hasta que Marcelo la invitó a comer. Sabrina fue reticente al principio, pero cedió. Marcelo no era un tipo buen mozo, pero era alto y musculoso. Vivía haciendo deportes y, a sus 52 años, tenía un cuerpo envidiable. Además, era alguien que sabía cómo hablarles a las mujeres.
    
    Fueron a comer, y nada pasó esa vez. Pero Sabrina se comprometió a cocinarle una de sus especialidades: ratatouille, plato que al rusticidad de Marcelo nunca había alcanzado a saborear. A Marcelo le pareció un plato horrible. Pero comió de todas maneras. Después tapó el amargor que sentía con el helado que había llevado de postre.
    
    Ya en el sillón, con el helado en mano, Marcelo la abraza y le da un suave beso en el oído Sabrina, nerviosísimas, no hace sino reírse, pero apoya su cabeza en el hombro de él. Es ahí cuando vio la enorme protuberancia en que se dibujaba en el pantalón de Marcelo. Era un bulto que asomaba y que se inclinaba hacia el lado izquierdo, y hasta parecía moverse. Sabrina no sabía qué hacer, pero tampoco podía dejar de mirar, y el dotado lo sabía.
    
    Marcelo abrió un poco sus piernas y mostró en toda su plenitud el instrumento que sus pantalones guardaban. Allí, la tomó del pelo y Sabrina lo miró, y se besaron. La calidez de sus labios contrastaba con el frío que el helado le había impreso a su lengua el helado. Sabrina siguió contándole a su amiga:
    
    -Nos besamos ...
    ... un largo rato. Me tocó las tetas, jajaja. Yo tenía corpiño pero aun así se me habían parado los pezones. Y yo no pude dejar de tocarle el bulto. Era algo carnoso, gordo y enorme. Se ve que él no se esperaba que se lo toque tan de pronto, porque pegó un saltito. Pero no pude contarme. Me di cuenta de que me había apurado y como una boba le pedí perdón.
    
    Sabrina estaba extática. Le acarició la entrepierna a Marcelo y le pellizcó le prepucio. Marcelo lo sintió y se estremeció, pero cuando Sabrina quitó la mano Marcelo y se había desabrochado el jean. Allí se podía ver un gran tubo de carne envuelto por un calzoncillo blanco que no lograba sujetarlo todo: era tan ancho que separó el elástico del calzoncillo de su pubis. Marcelo puso de vuelta la mano de Sabrina allí y le dijo: -Es todo para vos.
    
    -Yo, a todo esto -prosiguió Sabrina- ya estaba empapada y temblaba. No podía creer lo que estaba tocando. Él se bajó un poco más los pantalones y ahí estaba: una gran anaconda blanca, a punto de romperle los calzoncillos. Dejó de besarme y miraba su pija con mi mano, que no sabía si eso era de verdad o no.
    
    Marcelo se sacó el calzoncillo y dejó al desnudo su pene. Era de verdad una gran serpiente henchida de sangre, surcada por venas y coronada con una cabeza de diamante sonreía. Sabrina no pudo contener su exclamación de sorpresa. Su boca quedó semiabierta y sus neuronas quedaron bailando en ese tronco, sin poder reaccionar.
    
    Allí Marcelo, que estaba acostumbrado a causar ese ...
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