1. Confesiones a la ginecóloga (parte 1)


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Confesiones Autor: Bishops, Fuente: CuentoRelatos

    ... impacto, se sacó la camisa. Sabrina estaba absolutamente obnubilada: el abdomen tallado de Marcelo, apenas recubierto por una fina manta de vellos, contenía una vena que iba desde el pectoral hasta la base de su martillo. Parecía la vena encargada de insuflar el halo vital que mantenía enhiesta a esa fiera. Sabrina la recorrió con su lengua. Llegó hasta la base del pene y se detuvo: la tomó entre sus dientes y no la podía abarcar. Se quedó un rato allí, jugado y oliéndolo.
    
    -Yo te juro, que es tan grande que parece que transpira ese bicho. Ahí yo solo le chupaba la parte de debajo de la pija y, te juro, me faltaban como dos bocas para completarla. Y el chabón me agarró y me puso la cabeza en la boca. La cabeza de la pija de Marcelo creo que es más grande que todo el pito de mi exmarido. No me entra en la boca. Me quedó ahí, se la lleno de saliva y le paso la lengua por el agujerito, viste…
    
    -La uretra –dijo Fernanda, toda excitada
    
    -La uretra. Eso le gusta y siento que es lo único que puedo hacer. Y lo empiezo a pajear mientras le como la cabeza. Y le agarro los huevos, que son enormes también. Son grandes y duros, y los tiene depilados. Ahí, esa primera vez, me acabó al toque. Empezó a gemir y me dijo… no sabés lo que acabó. No eran chorros, como el stripper, ¿te acordás?
    
    -Sí, mi vida, cómo me voy a olvidar. Meaba leche ese pendejo
    
    -Bueno, Marcelo acaba una banda, pero sin fuerza, sin chorros. Es como si saliera sin fuerza, sola, pero no para de salir, y yo no ...
    ... paraba de chupar, y él no paraba de acabar. Fue hermoso amiga.
    
    En esa primera ocasión, Marcelo no pudo contenerse. Mientras Sabrina jugaba con su frenillo, él ya le había bajado los pantalones a ella, que estaba doblada en el sillón, mientras se encargaba de la bestia que tenía entre sus dientes. Él le acariciaba la cola. Jugaba con la tanga blanca que tenía Sabrina. Sus dedos bordaban la costura de su ropa interior y pudieron palpar la humedad que surtía del sexo de su compañera. Estaba tan mojada, que Marcelo empezó a frutar sus dedos mayo e índice sobre la tanga y se mojaron. Marcelo sacó los dedos, los olió y se los chupó; después volvió a las nalgas de Sabrina y los hundió en su estrecho agujero, que surtía borbotones. Ahí Marcelo acabó.
    
    -Me la tomé toda amiga, toda. Encima él me colaba los dedos y yo estaba mojadísima. Estaba tan mojada que, en una, él me metió los dedos en la concha y como los sacó re mojados, aprovechó el flujo y me metió un dedo en la cola. Yo no podía más
    
    -Y ¿qué hizo?
    
    -Después de acabar se levantó del sillón, se arrodilló, me agarró de las piernas, me sacó el pantalón y me la chupó como nunca antes me la habían chupado. Primero, me abrió de par en par, sin sacarme la tanga, y empezó a hundir su nariz. Estaba enloquecido. Yo gritaba, jajaja, como una loca. Y el hijo de puta me rompió la tanga: me la agarró con los dientes y me la destrozó. Era una tanga cara, encima. Era la Calvin Klein, jajaja
    
    -Ay, pero ni te importó, ¿o si?
    
    -Nooo, ...
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