1. El círculo. Cap.28. Debajo del sol de plomo


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    El calor comenzaba a pegar más allá del mediodía, grueso y seco como una mordida en la lengua. El concreto de la calle hervía bajo los tenis desgastados de los niños que correteaban entre puestos, diablitos oxidados y una música de cumbias que salía desde algún radio atado con cables a un poste eléctrico. Todo era ruido y todo era vida.
    
    Abril apareció doblando una esquina, caminando con los puños relajados, como si no trajera la historia entera sobre los hombros. Su camisa de campaña —blanca, sencilla, con su nombre en letras rojas y limpias— estaba arremangada hasta los codos. Llevaba el cabello recogido en una trenza larga, apretada contra su espalda, y unos aretes dorados muy pequeños que capturaban la luz del sol como si fuesen piezas sagradas.
    
    Tepito la observaba. No con desconfianza, sino con ese tipo de mirada que se reserva para los meteoritos o los eclipses. Ella no tenía guaruras visibles. Solo un par de voluntarios jóvenes que la seguían con la torpeza afectuosa del que admira sin medida. Caminaba como si conociera el barrio desde niña, como si no hubiera cámaras ni asesores detrás de su sonrisa.
    
    Una señora de ojos tristes y delantal morado le acercó una botella de agua. Abril la aceptó con ambas manos, como si le entregaran un relicario.
    
    —¿Cómo se llama, jefa? —preguntó.
    
    —Soledad.
    
    —¿Y qué haríamos sin las soledades que no se rinden? —le dijo, y la besó en la mejilla. La señora se quedó pasmada, los ojos húmedos. “Gracias, hija”, alcanzó a decir, ...
    ... bajito.
    
    Más adelante, unos chavos se reían entre sí, parados al lado de una moto negra con el escape suelto. Uno de ellos traía los brazos tatuados hasta las uñas. Otro, una camiseta con la cara de un rapero muerto.
    
    —¿Qué onda, banda? ¿Me dejan una foto o me la robo?
    
    La risa fue general. Los muchachos se acercaron. Uno de ellos, el más alto, puso su mano rodeando su cintura, con ese descaro que solo se permite con quienes no inspiran miedo. Abril posó, pero luego giró hacia él.
    
    —¿Y tú qué onda, ya sabes por quién vas a votar?
    
    El muchacho recorrió su cuerpo con la mirada. Sonrío pero dudo un poco con la voz.
    
    —Pues, la neta… ni idea.
    
    —Entonces dame chance de darte una idea.
    
    Se quedaron hablando. No fue un monólogo, ni una cátedra. Fue un diálogo vivo, punzante, con humor y calle. Habló de política como quien habla de familia. De feminismo sin caer en consignas, con ejemplos, con referencias a las jefas de hogar que crían solas, a las niñas que ya no quieren tener miedo de andar solas. “Porque el miedo nos quita espacio —dijo—. Y yo vine a abrir espacio, no a pedir permiso”.
    
    Alguien transmitía en vivo desde un celular. Las imágenes comenzaron a circular antes de que ella terminara de hablar. En los comentarios, la gente decía cosas como “esa morra sí se ve chida”, o “yo no soy feminista, pero esta sí me representa”. Las palabras rebotaban por la red como esquirlas.
    
    Abril siguió caminando. Le regalaban guayabas, pulseras tejidas, bolsas con agua de ...
«1234...13»