1. El círculo. Cap.28. Debajo del sol de plomo


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... blanca, sin mácula, con ventanales que daban al jardín como si todo lo privado tuviera derecho a exhibirse. En el vestíbulo, una escultura de alabastro —una figura femenina sin rostro, de caderas imposibles— daba la bienvenida sin necesidad de palabras. El mármol estaba pulido hasta la arrogancia. Afuera, los coches se alineaban como joyas de museo: tres Suburbans negras, un BMW gris plomo, un Jaguar que olía a testosterona vieja.
    
    Valeria abrió la puerta principal con una sonrisa estudiada. Cada movimiento era exacto, fluido. Como una actriz que ha ensayado tantas veces que ya no distingue entre el gesto y la intención.
    
    Vestía un conjunto que parecía no querer esconder nada. Un vestido de seda roja, ceñido hasta el aire. El escote caía en “V” profunda, sin sostén, con una soltura falsa que obligaba a mirar. La espalda estaba completamente descubierta, apenas cruzada por una tira fina que nacía detrás del cuello. Las piernas, largas y torneadas, se asomaban por una abertura que subía más allá de lo necesario. Sus labios estaban pintados de un rojo idéntico al vestido, y sus uñas brillaban como dagas. El cabello, recogido en un moño alto y deliberadamente desordenado, dejaba ver una nuca impecable.
    
    —Bienvenidos —decía, uno por uno, modulando la voz como quien dice un secreto elegante.
    
    —Lorenzo ya está en el salón. Sirvieron mezcal, pero también hay champaña, por si les duele la conciencia.
    
    Los invitados entraban encantados. Hombres de traje sin corbata, mujeres ...
    ... con ojos rápidos. Todo olía a perfume costoso y a estrategias invisibles.
    
    Valeria no siempre fue así. Un año atrás, usaba blazer de mezclilla y leía a Byung-Chul Han en el transporte público. Soñaba con reformar las políticas de vivienda y hablaba del círculo como “ese cáncer simbólico que hay que extirpar desde adentro”. Ahora, sabía modelar con los brazos cruzados bajo el pecho, sabía caminar como quien flota entre códigos implícitos, sabía cómo inclinarse justo lo suficiente para ser inofensiva y deseada a la vez.
    
    Helena fue de las últimas en llegar. Entró sola, con un vestido negro de terciopelo y mirada detenida. No saludó de beso. Solo asintió.
    
    En el salón, las luces estaban bajas. Una araña de cristal filtraba los reflejos sobre la mesa de ónix. Había bandejas con frutos secos, quesos franceses, cigarros electrónicos. En la pared, una pantalla mostraba sin audio la última nota viral: Abril abrazando a una mujer mayor en una calle empinada de Tepito.
    
    Lorenzo rió con desdén al ver la imagen.
    
    —La amante rebelde —dijo—. Miren qué ternura. Parece que va a fundar una ONG en cada esquina.
    
    Los presentes se rieron. Con gusto. Con hambre.
    
    —Cuidado —añadió uno—, que luego hasta le creen que estudió política en Harvard.
    
    —No. Estudió burocracia en el IMSS —ironizó otro.
    
    Valeria se sentó sobre el brazo del sillón donde Lorenzo descansaba, cruzando una pierna sobre la otra con un cálculo casi quirúrgico. Desde ahí, con la postura de una diosa menor, lideró ...
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