1. El círculo. Cap.28. Debajo del sol de plomo


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... jamaica. Un niño de siete años le dijo que quería ser como ella.
    
    —¿Y eso cómo es?
    
    —Pues chido. Que no se te arrugue el corazón.
    
    Ella se rió tan fuerte que tuvo que agacharse. Lo abrazó. Le susurró algo al oído. Nadie supo qué.
    
    El barrio le pertenecía por ese instante. No por poder, ni por obligación. Le pertenecía como se pertenece a quien no finge. Como se abren las puertas al que llega con verdad, no con fórmulas. No hablaba lento, pero tampoco corría. Sabía dónde poner las pausas. Sabía cuándo mirar al cielo y cuándo mirar a los ojos.
    
    La luz caía oblicua, dorada. Al fondo, alguien gritaba que la carne ya estaba, que el pastor estaba crujiente. El sonido del cuchillo contra la plancha era casi poético.
    
    Un anciano con boina tricolor y dientes desiguales le tomó la mano.
    
    —¿Va a ganar, señorita?
    
    —Depende. ¿Usted qué dice?
    
    —Yo digo que ya hacía falta una como usted.
    
    Esa tarde, mientras subía a la camioneta desgastada que la sacaría de ahí, uno de sus asesores le mostró las cifras. El evento había duplicado los números. Las redes hervían. Pero ella no parecía impresionada. Se quitó la camisa de campaña, quedó en una camiseta de algodón cualquiera. Se limpió la frente.
    
    —Apenas empieza —dijo, mirando por la ventana.
    
    Y sí. Apenas empezaba. Pero algo se había sembrado. Algo que no venía del cálculo. Algo que no podía comprarse. Un tipo de magnetismo que no tenía explicación exacta. Como el de una mujer que camina entre el fuego sin quemarse. Como ...
    ... una líder que, antes que nada, se dejó tocar.
    
    __
    
    El mitin comenzó con gritos coreografiados.
    
    Eran las cinco de la tarde y la explanada de Iztapalapa hervía con cientos —tal vez miles— de banderas plásticas, camisetas iguales, botellas de agua repartidas desde camiones rotulados, sombrillas con el logo del partido, porras bien alimentadas con torta y frutsi. Había toldos, templetes, pantallas LED y un estrado sobreelevado, flanqueado por cinco figuras sentadas en sillas negras, como en un velorio elegante. A un costado, una fila de líderes locales, todos varones, todos con camisa blanca y cara de domingo.
    
    Serrano apareció como aparece el patrón: con retraso y sin prisa. El sol bajaba lento, quemando los techos de lámina y el rostro de los que llevaban más de dos horas de pie. Él se dejó ver entre una marea de acarreados, con una sonrisa fija, gafas oscuras y la mano alzada como si bendijera. Lo flanqueaban tres hombres fornidos, sin logos, sin identificación. Su traje azul marino parecía recién planchado. Saludó sin mirar a nadie directamente. Caminaba como si el suelo le debiera algo.
    
    Cuando subió al templete, el animador lo presentó con voz de feria:
    
    —¡El único! ¡El que sabe! ¡El que no se raja! ¡Nuestro próximo senador! ¡Serranoooo!
    
    Los altavoces temblaron. Alguien soltó un par de cohetes. La música subió de golpe: reguetón patriótico con letras que hablaban de orden, familia, futuro.
    
    Serrano tomó el micrófono sin mirar a la audiencia. Habló primero ...
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