1. El círculo. Cap.28. Debajo del sol de plomo


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... las carcajadas.
    
    —¿Ya vieron su última entrevista? —dijo—. Está convencida de que con amor y feminismo va a arreglar este país. Es como una mezcla entre Frida y la Madre Teresa... pero en campaña.
    
    —Frida de Coyoacán, pero sin arte —remató Lorenzo.
    
    —Y con más orgasmos. —Valeria lo dijo en voz baja, pero fue suficiente para provocar una nueva ronda de risas.
    
    Helena no dijo nada. Observaba. Bebía despacio, como si su copa escondiera respuestas. En su mirada había algo que no se reía. Algo que registraba cada burla con una claridad incómoda. Quizá un eco de la fe que alguna vez tuvo en la joven que ahora se sentaba al lado de Lorenzo como un trofeo entrenado.
    
    —Hay que dejarla correr —añadió Lorenzo, casi con pereza—. Se va a desfondar sola. Es bonita, sí. Pero eso no alcanza. En este juego, o rompes la cadena... o te la comes.
    
    Valeria rió, pero algo tembló en su mandíbula. Por un instante mínimo, sus ojos se perdieron en la imagen congelada de Abril en la pantalla. La forma en que abrazaba a la gente, la manera en que la miraban... no era actuación. Era algo que ella había tenido. Algo que había dejado atrás como se deja una casa en llamas.
    
    Pero el instante pasó. Se irguió. Se acarició la clavícula.
    
    —No se preocupen. Si ella es la Juana de Arco, yo soy la Santa Inquisición.
    
    Lorenzo la miró de reojo, complacido. Como quien ve su obra avanzar con disciplina.
    
    La reunión siguió. Copas llenas. Chismes actualizados. Estrategias trazadas entre susurros y ...
    ... caviar. Afuera, la noche de Lomas era limpia. Adentro, la política seguía siendo lo que siempre había sido: un salón cerrado donde la verdad era lo único que no se servía en la mesa.
    
    Y Helena, en silencio, pensaba. En cómo Abril les sacaba ventaja. No por músculo. No por discurso. Sino porque todavía podía caminar entre la gente sin sentir asco. Algo que en esa sala ya nadie recordaba cómo se hacía.
    
    __
    
    Era sábado, pero todo se movía como entre semana. La ciudad no dormía, al menos no en esas semanas donde cada poste, cada autobús y cada canción de radio estaba invadida por los rostros que prometían futuro. Abril aparecía en spots con voz firme y sonrisa suave; Serrano, en cambio, gritaba en conferencias editadas con urgencia, escoltado por banderas. Las bardas se pintaban y repintaban de madrugada. Las calles eran un ring disfrazado de democracia.
    
    Pero ahí, entre los senderos húmedos del Bosque de Tlalpan, el mundo parecía otro. Aún olía a pino y a tierra fresca. A sudor limpio. A café recién hervido en algún local improvisado con lonas y cajas de madera recicladas. El calor no había llegado, pero se insinuaba.
    
    Míriam traía un top negro ajustado, unos leggings con vivos naranjas y el cabello recogido en una trenza apretada que le colgaba como látigo entre los hombros. Sudaba apenas, con dignidad. Se había quitado la sudadera y la colgaba sobre un hombro. Sus tenis estaban llenos de lodo seco, igual que los de Damián, que se había sentado de espaldas a la barranca, ...
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