1. Mi nueva jefa


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Esquiva, Fuente: CuentoRelatos

    Recuerdo que la primera sensación que tuve cuando me comunicaron el traslado a la sección controles fue de desagrado. Estaba acostumbrada al horario nocturno de mi sección y si bien era un poco difícil la convivencia con mi jefe y sus alcahuetas, había conseguido crearme un espacio y que no me molestaran más de lo necesario. En vano Miguel, el único compañero con el que a veces almorzaba, trató de consolarme con el argumento de que ahora saldría más temprano, de que tendría más tiempo para leer, ir al cine o dedicárselo a mi novio.
    
    Esas menciones a un novio siempre las respondía con alguna evasiva, como si las mujeres tuviéramos obligación de tener uno, y por dentro me reía conmigo misma, porque yo jamás había tenido uno y porque mi última novia se había ido de mi vida hacía mucho tiempo, con todos mis ahorros, con mis ganas de vivir, de creer y de esperar. Tardé tres años en pagar todas las deudas que contraje para que ella viajara primero a Estados Unidos y, supuestamente, seguirla cuando estuviera ya instalada. Primero me negaron la visa, después ella se consiguió otra pareja, y después no me devolvió un solo dólar pero bueno… es otra historia. Esa mañana llegué antes de las ocho.
    
    En la sección Controles hay que contar paquetes, acomodar cajas, limpiar cosas que se rompen, el único secreto, me dijo una de las muchachas, es tener los ojos bien abiertos. Me dijo también algo de hablar poco, sobre todo en presencia de la jefa, que se llamaba Otilia, y no contradecirla ...
    ... nunca. Mi lugar era una larga mesa en cuyo extremo había una PC, pilas de talonarios de remitos y un teléfono. Me habían asignado control de cosméticos. Otra chica me explicó el sistema de trabajo, grabé las indicaciones en mi grabador de mano y me puse a trabajar.
    
    La jefa llegó a las ocho en punto y se encerró en su oficina. Esa primera semana no cruzamos palabra. Demás está decir que no me cayó bien, aunque debo reconocer que tenía buen gusto para los perfumes y para el maquillaje. Era más alta que yo, si bien no tenía curvas exuberantes, su figura era estilizada y su andar muy elegante.
    
    Esa quincena no sucedió nada extraordinario, solo que pagué la última cuota de la refinanciación de mi tarjeta de crédito y, pese a la insistencia de la secretaria del banco que insistía en que me la renovarían por la puntualidad de mis pagos, simplemente la cancelé, dos años de martirio es demasiado, me dije. Al día siguiente fue mi primer encontronazo con la jefa.
    
    Hubo un error, que no fue mío, y cuando ella me llamó la atención delante de todo el mundo le pedí que me dejara hablar, entonces me gritó, le dije con firmeza que eso no se lo iba a permitir y, ante el asombro y el susto de las otras chicas, la seguí hasta su oficina, con mis documentos en la mano hasta que le demostré que la equivocada era ella. Sus ojos estaban encendidos, me dijo que por más razón que yo tuviera la que mandaba era ella y me pidió que saliera de su oficina. No volvió a molestarme, pero se desquitó ...
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