1. Mi nueva jefa


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Esquiva, Fuente: CuentoRelatos

    ... quitándome las horas extras y me puso dos llamados de atención por escrito. Al tercero me despedirían.
    
    Eso me hizo esmerarme más en mi tarea, de manera que dejé de almorzar para dedicar ese tiempo a revisar mis listas y controlar mi mercadería. En menos de dos meses las cosas mejoraron, pero perdí casi cuatro kilos y comencé a recibir piropos en la calle y en la playa de carga y descarga de la empresa.
    
    Una tarde, casi cuando ya estaba cerrando mi inventario, llegaron dos cargamentos y tuve que quedarme. Salí casi a las nueve de la noche, muerta de cansancio, hambrienta y con un odio a la humanidad sin distinción de razas, credo o religiones. Crucé la playa de estacionamiento y tras saludar al guardia casi corrí hacia la esquina y, como dicen en España, ¡Sorpresa! ¡Sorpresa! La jefa bajaba de un auto. El conductor la siguió. Era un tipo gordito, semicalvo, vestía un pantalón negro y una camisa lila. Eran ropas caras.
    
    La jefa se dio vuelta y le habló con dureza, aunque por el ruido del motor del auto no escuché lo que decía, pero el tipo le dio un puñetazo que literalmente la acostó sobre el pavimento. Corrí hacia donde ella había caído y el muy macho se montó en su auto, arrojó la cartera de ella y arrancó con un chirrido de neumáticos, como sucede en las malas películas, como suele suceder en mi vida, que es la peor de todas las películas.
    
    El golpe le había dado entre la boca y la nariz, tenía la cara llena de sangre y apenas podía respirar. Sin preocuparme de ...
    ... que se me manchara la ropa le limpié la cara, la ayudé a levantarse y le hice oler un poco de mi perfume.
    
    -¡Vete! ¡No te necesito! ¡Déjame sola! ¡Maldita entrometida!
    
    -Mira muchacha, será mejor que trates de tranquilizarte.
    
    Entonces me abrazó y se puso a llorar y yo me sentí tan vencida como ella.
    
    -Debo recoger mi carro- dijo cuando se hubo calmado un poco. Rebuscó en su cartera hasta que encontró un llavero. Su ropa estaba llena de tierra por el revolcón, en la caída se había pelado las rodillas, comprendí que no podía permitirle que se dejara ver así a esa hora en la empresa, pensé que tal vez podríamos inventar un asalto, pero no me pareció buena idea. Tomé mi celular y pedí un taxi.
    
    En menos de cinco minutos estábamos rumbo a mi cuarto. Ella no hablaba. Miraba por la ventanilla como si fuera una extraña en la ciudad, y acaso lo fuera, como lo es cualquier persona que vive una situación de ese tipo. Ya en mi cuarto, que tenía baño, preparé agua tibia, le agregué alcohol, busqué desinfectante y comencé a lavarle la cara. Los labios estaban hinchados, aunque el golpe no había sido tan dañino como me había parecido. Puse hielo en una servilleta limpia y ella se lo aplicó en la zona golpeada.
    
    -Me parece que tendrías que ver a un médico- sugerí.
    
    Ella pareció no oírme. Ahora que la veía con otros ojos, pese a su boca hinchada, notaba que en realidad era bonita. Tenía la nariz respingada y ojos pardos claros, las cejas depiladas y el pelo teñido de rubio. Su ...
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