1. La piel que no se olvida


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Hetero Autor: Angelguti, Fuente: TodoRelatos

    ... respiraciones agitadas.
    
    —No sabés cuánto he pensado en ti —dijo ella, rompiendo el beso.
    
    —Yo soñaba con esto cada noche —respondió él, acariciándole el cuello.
    
    Jenifer se apartó un poco, lo miró de arriba abajo, y sonrió con una mezcla de ternura y lujuria.
    
    —Estás más bueno fuera que dentro. Qué ironía.
    
    —Y tu sigues siendo mi maldita perdición.
    
    Ella lo tomó de la mano y lo llevó hacia la cama, sin prisas, pero con determinación. El colchón crujió cuando se sentaron. Jenifer se sentó a horcajadas sobre él, bajando lentamente su pelvis hasta rozar la erección que ya marcaba el vaquero de Alberto.
    
    —¿Vienes cargado? —susurró.
    
    —Como nunca.
    
    Jenifer mordió su labio inferior, bajando una mano entre sus cuerpos.
    
    —Entonces vamos a resolver eso.
    
    Lo besó de nuevo, esta vez con lentitud. Con una ternura inesperada que le erizó la piel. Sus labios se movían con delicadeza, explorando cada rincón de su boca. Sus dedos jugaban con los botones de su camisa, desabrochándolos uno por uno mientras lo besaba. Alberto cerró los ojos, dejando que las manos de Jenifer hicieran lo que quisieran. Ella lo desnudó con parsimonia, como si saboreara cada capa que caía. Cuando la camisa quedó abierta, pasó sus labios por su pecho, besando sus cicatrices, rozando con su lengua la línea que bajaba hacia su abdomen.
    
    Alberto se estremeció.
    
    —¿Sabés cuántas veces me he masturbado pensando en ti? —le confesó.
    
    —Dimelo —pidió Jenifer, acariciándole la piel.
    
    —Todas las ...
    ... putas noches. Me metía la mano bajo la sábana y pensaba en tus gemidos. En cómo sabías. En cómo me mirabas cuando te corrías.
    
    Jenifer se mordió el labio, jadeando.
    
    —Yo hacía lo mismo —dijo—. Me metía los dedos antes de dormir y susurraba tu nombre. En silencio, para que nadie escuchara. Pero me corría pensando en ti. Juro que a veces me temblaban las piernas.
    
    Alberto la tomó del rostro con ambas manos y la besó de nuevo. Pero ahora el beso era distinto. Tenía esa urgencia que viene del recuerdo, del deseo postergado. Sus cuerpos ya no podían esperar.
    
    —Quiero verte desnuda —dijo él, con la voz ronca.
    
    —Entonces desnudame.
    
    Jenifer se puso de pie frente a él. Con lentitud, se bajó los tirantes de la camiseta. Su piel brillaba bajo la luz tenue de la sala. Se quitó la prenda y dejó sus pechos al descubierto. No llevaba sujetador. Alberto los miró con devoción, como si no creyera tenerlos de nuevo delante. Eran firmes, redondos, con los pezones duros por la excitación.
    
    —Dios mío... —susurró él.
    
    Ella se quitó los vaqueros sin dejar de mirarlo. Su ropa interior era negra, de encaje barato, pero sobre su cuerpo parecía lencería de lujo. Cuando quedó completamente desnuda, se acercó y lo montó otra vez.
    
    —Tócame —ordenó—. Como aquella vez. Pero ahora sin miedo.
    
    Alberto la tomó de la cintura, bajó una mano entre sus muslos y la encontró húmeda, caliente, palpitante.
    
    —Estás empapada...
    
    —Es tu culpa.
    
    Él la acarició con lentitud, trazando círculos sobre ...
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