1. La piel que no se olvida


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Hetero Autor: Angelguti, Fuente: TodoRelatos

    ... su clítoris mientras Jenifer gemía muy bajo, apenas audiblemente, con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás. Se movía sobre su mano con movimientos suaves, provocadores, como si bailara para él.
    
    —Sigue... —susurró—. Así... no pares...
    
    Sus caderas comenzaron a moverse más rápido. Sus pechos se sacudían frente a él, y su boca abierta soltaba gemidos cada vez más ahogados.
    
    —TVoy a hacer que te corras —le prometió él.
    
    —Ya casi... joder, Alberto...
    
    Sus dedos entraron dentro de ella, húmedos, firmes, mientras con el pulgar seguía frotando su botón de placer. Jenifer se aferró a sus hombros. Sus uñas se clavaron en su piel. Y de repente, se tensó, se arqueó, y dejó escapar un gemido quebrado que apenas logró reprimir.
    
    —¡Aaahh... sí... sí... así...! —jadeó, temblando.
    
    Tuvo un orgasmo intenso, silencioso, contenido. Su cuerpo tembló contra él, y sus labios buscaron los de Alberto con una urgencia húmeda y desordenada. Lo besó con sabor a gloria, aún jadeando, con el rostro enrojecido.
    
    —Ahora te toca a ti —murmuró.
    
    Y bajó, lentamente, hasta arrodillarse entre sus piernas.
    
    Jenifer se arrodilló entre sus piernas como si ya conociera ese territorio, como si su lengua pudiera trazar de memoria cada línea de piel que había añorado. Alberto temblaba, no de frío, sino de pura anticipación. Se había corrido tantas veces en su imaginación con esa escena, que ahora la realidad parecía un sueño lúcido y sudoroso.
    
    Ella bajó la cremallera de su ...
    ... vaquero, despacio, muy despacio, con los ojos fijos en él. Lo desnudó sin prisa, sacó su polla ya dura con los dedos y la acarició con una sonrisa que mezclaba ternura y lujuria. La envolvió con su mano, firme, y se la llevó a los labios, pero no la chupó de inmediato. Primero la besó. Solo eso. Pequeños besos húmedos por todo el tronco, mientras sus dedos la rodeaban como un anillo suave.
    
    —Nunca me olvidé de este sabor —murmuró.
    
    Alberto cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y dejó escapar un suspiro. Ella empezó a chuparlo sin decir más, hundiendo la boca con hambre lenta, dejándoselo entrar hasta la garganta, luego retrocedía y lo lamía desde la base hasta la punta, donde jugueteaba con la lengua, provocándolo.
    
    —Joder... Jenifer...
    
    Pero ella no respondió. Solo emitía pequeños gemidos contra su piel, como si también se excitara mamándosela. Sus manos lo acariciaban por dentro de los muslos, succionando con firmeza, como si cada segundo quisiera extraerle no solo el placer, sino el alma. Alberto sentía cómo el calor le subía al cuello, a la espalda, cómo todo su cuerpo se tensaba al ritmo húmedo de esa mamada magistral.
    
    —Me voy a correr... —jadeó él.
    
    Jenifer alzó la mirada, con la polla todavía en su boca, y asintió sin soltarla. Siguió succionando con firmeza, acelerando el ritmo. Lo quería todo.
    
    Y lo tuvo.
    
    Alberto se corrió con un gemido gutural, largo, profundo. Su semen llenó la boca de Jenifer y ella no se apartó. Lo tragó todo, lento, sin dejar ...