1. La piel que no se olvida


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Hetero Autor: Angelguti, Fuente: TodoRelatos

    ... escapar ni una gota. Cuando lo limpió con la lengua y lo dejó temblando, se subió otra vez a su regazo y lo besó con la boca húmeda, intensa.
    
    —Te necesitaba —le dijo, apoyando la frente contra la suya—. Como una puta droga. Tu no sabés lo que hiciste en mí.
    
    Alberto la abrazó, aún con el pulso alterado. No quería hablar. Solo sentirla. Respirar su olor a piel caliente, a deseo viejo y reciente mezclado.
    
    —Quedate conmigo —dijo en un susurro.
    
    Ella sonrió, pero sus ojos se llenaron de una ternura inesperada.
    
    —Ojalá pudiera.
    
    Se abrazaron así, desnudos, por un momento que pareció eterno. El tiempo corría afuera, pero en esa sala no existía el reloj. Solo la necesidad.
    
    —¿Puedes otra vez? —preguntó ella, después de unos minutos.
    
    Alberto la miró, desafiante.
    
    —Para ti, siempre.
    
    Entonces ella se inclinó hacia la cama y se colocó a cuatro patas. Su espalda arqueada ofrecía una imagen perfecta, con los glúteos firmes levantados, su sexo abierto y húmedo completamente expuesto para él.
    
    —Follame así. Como quieras. Pero ya.
    
    Él se colocó detrás, acariciando primero su espalda, luego sus nalgas. La besó allí, entre sus pliegues, haciéndola estremecer. Luego la penetró de un solo empujón lento, sintiendo cómo ella lo envolvía por completo.
    
    Ambos gemieron al unísono.
    
    Alberto empezó a moverse, lento al principio, disfrutando cada centímetro. Jenifer empujaba hacia atrás, moviéndose con un ritmo casi animal. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la ...
    ... habitación, mientras los jadeos se volvían cada vez más urgentes.
    
    —¡Más fuerte! —pidió ella—. Dame duro, como en el baño... ¿te acuerdas?
    
    —Nunca lo olvidé —dijo él, y aceleró.
    
    La tomó de las caderas con fuerza y comenzó a embestirla con potencia, sintiendo cómo sus paredes internas lo apretaban. Jenifer gritaba su nombre, se mordía el antebrazo para no hacer demasiado ruido, pero el placer la desbordaba.
    
    Alberto se inclinó hacia adelante y le mordió el cuello mientras seguía dándole con fuerza, con cada embestida más profunda. Jenifer se corrió de nuevo sin aviso, un orgasmo brutal que la sacudió desde dentro.
    
    —¡Me corro! ¡Dios...! —gritó— ¡Otra vez!
    
    Pero él no se detuvo.
    
    La tumbó de lado, levantándole una pierna, y siguió penetrándola así, más íntimo, más profundo, mientras le besaba los labios, el cuello, el alma.
    
    —Esto no es solo sexo, Jenifer...
    
    Ella lo miró con los ojos brillantes, entre lágrimas de emoción y placer.
    
    —Lo sé, cabrón. Por eso me da tanto miedo.
    
    Alberto se corrió por segunda vez, dentro de ella, apretándola contra su cuerpo, sintiéndola temblar.
    
    Se quedaron así, fundidos, unidos, respirando como si el aire fuese escaso.
    
    Cuando el tiempo terminó, el guardia llamó con dos golpes secos en la puerta.
    
    Jenifer se vistió sin mirar a Alberto, temblorosa, con la piel aún encendida.
    
    —¿Volverás? —preguntó ella, ya en la puerta.
    
    Alberto la tomó de la barbilla y la miró a los ojos.
    
    —Te juro que sí. Tu no eres solo un ...