1. LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... hondo. Una, dos veces. Sintió su pulso en la garganta. El sudor seco en la espalda. El nudo en el estómago, ese que no tenía nada que ver con el sexo.
    
    —No deberías haber dicho lo de que soy poco dulce —murmuró.
    
    —No era un reproche.
    
    —Lo sé. Y eso lo hace peor.
    
    —No quería decir eso —dijo él, algo torpe ahora, desnudo y arrepentido—. Solo que…
    
    -¿Y qué has querido decir? – dijo Cristina, volviéndose hacia él. -¿Que soy poco femenina? ¿Que no encajo en tu fantasía de machirulo, fuera de la cama?
    
    -Yo… ¿Qué estás diciendo?
    
    -O puede que lo que hayas querido decir es que soy estupenda, “pero”. Follamos muy bien, “pero”. Estás muy buena, “pero”. ¿Es eso lo que querías decir?
    
    -Creo que todo esto me supera…
    
    —¿Sabes qué? —interrumpió Cristina, bufando—. Si quieres a alguien que te bese las heridas y te haga galletitas, llama a tu madre. Yo no vine aquí a ser una fantasía doméstica. Vine a darte el polvo de tu vida.
    
    —Cristina…
    
    —No, no. No me llores. Que te va a dar un calambre en el alma.
    
    Rebuscó su ropa por el suelo, poniéndose de pie, aún desnuda, mientras él la observaba desde la cama. Había algo en su silencio que la inquietaba. No era necesidad. Era… espera.
    
    Y eso, precisamente eso, era lo que la jodía.
    
    Se abrochó los vaqueros sin prisa ahora. Cada clic del cinturón era una confirmación. Cada prenda, una capa más de su coraza. El sujetador, la camiseta. Su escudo habitual. Su uniforme para el mundo.
    
    Se sentó en el borde de la cama, ...
    ... pero sin mirarle. Estaba tensa, como si su propio cuerpo le pidiera moverse y quedarse a la vez. Como si quisiera huir de algo que no la perseguía, pero sí la esperaba.
    
    —¿Sabes cuál es mi puto problema contigo? —dijo de pronto, bajando la voz hasta hacerla peligrosa—. Que me haces pensar cosas que me joden la cabeza.
    
    Él no respondió. Solo la miró. Eso bastaba.
    
    —Yo vine aquí a follarnos hasta que no supiéramos nuestros nombres—añadió, con una sonrisa amarga—. Y eso es lo que he conseguido, ¿no?
    
    — ¿Y eso no basta?—añadió él, con la honestidad de quien no tiene ya nada que perder.
    
    —Podría quedarme —susurró casi para sí misma—. Podría dejar que me mires como si entendieras algo. Como si esto fuera algo.
    
    Se giró hacia él. Ahora sí le miró. Y durante un segundo, sus ojos no tenían ese brillo afilado de siempre. No eran cuchillas. Eran cristales empañados.
    
    —Pero si me quedo —añadió—, tú vas a convencerme. Es tu especialidad. Y yo… no necesito que nadie me saque del incendio. Yo soy el puto incendio.
    
    —Tal vez no quiero salvarte. Tal vez solo quiero quedarme ardiendo contigo un rato más.
    
    Cristina cerró los ojos. Y ese fue el momento. Ese segundo suspendido en el que casi se quedó. En el que casi se desarmó. En el que casi se permitió la debilidad de quedarse en una cama que olía a sexo, sí… pero también a posibilidad.
    
    Pero el "casi" era lo más cerca que ella sabía estar del "sí".
    
    Se puso en pie.
    
    —¿Ves? Casi me convence esa cara de niño bueno. No te ...
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