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LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos
Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... confundas —dijo, recuperando la voz firme—. Esto no es un final dramático. Es solo una retirada con estilo. —Lo es todo contigo. Hasta cuando te vas, haces ruido. Ella le sonrió con tristeza, pero sin arrepentimiento. Cogió sus botas, y antes de salir, lanzó una última mirada por encima del hombro. —No te olvides de mí —dijo. —Ni aunque lo intente. César escucho cerrarse la puerta, y el “quédate, por favor” se le quedó póstumo de afecto en la garganta. *** Flashback. Un martes, antes del teatro. Alrededor del capítulo cuarto. Aquel martes parecía un martes más. El comedor olía a acelgas con trauma de infancia, y César llevaba puesta su camiseta de Bowie con un agujero en la axila izquierda. Nada anunciaba que Jimena, la psicóloga del centro, viviría su última jornada en el colegio Blissot. —Hoy vamos a hacer una dinámica para liberar el yo reprimido —anunció, de pie frente a una pizarra en la que había escrito “El alma también necesita recreo”. La actividad consistía en que cada adulto del AMPA debía representar, mediante danza libre y sonido gutural, su conflicto emocional con el sistema educativo. —¿Y si uno no tiene conflictos? —preguntó Cosme, el bedel. —¿Tú no tienes? —le replicó Jimena con una ceja arqueada. —He trabajado cuarenta años en esto y aún tengo pesadillas con la flauta dulce. -Trabaja en ese rencor. Todos participaron. César hizo algo parecido a un pterodáctilo atragantado con una grapadora. Inés caminó en círculo ...
... murmurando frases de Simone de Beauvoir. Maribel intentó liberar su ansiedad frotando gel hidroalcohólico en el aire. Bea, como siempre, no hizo nada, y fue aplaudida como “acto de rebeldía minimalista”. La dinámica terminó con un ejercicio final. —Escribiremos una carta al niño que fuimos y la leeremos en voz alta desde una silla vacía. —¿Y si no me contestó nunca? —susurró César, sin saber si bromeaba – Cuando me recuerdo de niño, no me caigo demasiado bien. Todos leyeron las cartas, algunas más sarcásticas, otras más emotivas, algunas directamente vulgares. Pero lo que ocurrió a continuación nadie lo esperaba. Jimena, visiblemente emocionada mientras leía y releía su carta para sí, se sentó en su propia silla vacía, miró al horizonte (es decir, al expositor de lápices) y dijo: —Yo ya no puedo seguir aquí. He abierto todas las puertas de mi alma… y lo único que he encontrado es un armario lleno de abrigos apolillados. Silencio. Solo se oía a Cosme saborear su caramelo de eucalipto. —He sido psicóloga. He sido guía. He intentado ser un faro emocional para este colegio. Pero anoche soñé que estaba atrapada en una clase de yoga donde todos eran yo… y todos estaban tristes. —¿Era una pesadilla? —preguntó Marisa. —No —respondió Jimena, levantándose—. Era un mensaje. Cogió su bolso de macramé, se ajustó la bufanda teñida con cúrcuma, y se marchó. —¿Volverá? —preguntó Bea, con su segunda frase del trimestre. —Quizá en forma de podcast —respondió ...