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LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos
Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... Inés. Fin del flashback. *** El portero automático chirrió como siempre. Esther descolgó el auricular con rabia contenida. —Ya era hora. – La voz de ella llegaba metálica y triste – Sube.. Segundos después, César apareció en el descansillo, con el niño medio dormido en brazos y la mochila colgando del hombro. Tenía esa cara de padre que hace lo que puede, pero llega tarde. Como siempre. —Perdona. Se me hizo tarde con la tienda. Un cliente trajo un portátil que parecía haber sobrevivido a un incendio y… —Ya, ya, claro. Y tú, el bombero heroico. Venga, entra. El niño está babeando. Sergio se desperezó en brazos de su padre y corrió al interior de la casa sin demasiadas ceremonias. Ni se despidió. Los niños a veces tienen una sabiduría involuntaria: sabían que los adultos necesitaban discutir sin testigos. César dejó la mochila junto al perchero, y ambos entraron en la cocina. Esther se cruzó de brazos. Llevaba una camiseta vieja, el moño a medio hacer, y ojeras de esas que no te quita ni el maquillaje ni el yoga. —¿Y qué? ¿Te la estás tirando? —¿Qué? —Cristina. La “no es una relación” de esta mes. ¿Sí o no? —¿Importa? —No. Pero necesito tener una imagen completa para alimentar mis celos absurdos y mi autoestima rota. Así que, contesta. César respiró hondo. —Sí. Me la estoy tirando. Desde hace unos meses, si tienes curiosidad. ¿Feliz? —No. Pero al menos ya no tengo que hacerme la tonta. Me ahorro esa energía para sobrevivir a ...
... este desastre que llamamos custodia compartida. Esther se sentó en la encimera. No con elegancia, sino con hartazgo. Él la miraba como quien se reconoce en una ruina que ayudó a construir. —Mira, sé que no fui un buen novio. Ni buen marido. Ni bueno en general. Me costaba estar… en las cosas. En la casa. En ti. —No me digas. Me di cuenta cuando me preguntaste tres veces de qué color eran mis ojos. —¡Nunca te pregunté eso! —No. Pero los confundiste con los de la de la pizzería. ¡Tres veces! —Te parecías un poco… —¡Ni de coña, César! Se rieron. A la vez. Cansados. —Tú también te fuiste, ¿eh? —añadió él, con la voz más baja—. No eras exactamente monja de clausura. Aquel compañero tuyo que se llamaba Bruno… —Tú tenías sexo sin remordimientos. Yo lo hacía con culpa. Hay una diferencia. —¿Qué diferencia? —Que tú dormías como un tronco. Yo lloraba después. Eso cambia. Hubo una pausa. Pesada. Silenciosa. —Te vi. En el parque. Riéndote con ella. Esa sonrisa que a mí ya no me sale, por cierto. Con su camiseta de rockera y sus botas de cuero. Muy auténtica. Muy “yo no quiero nada serio pero te parto la cama”. Enhorabuena. Al menos ella no espera que le contestes los mensajes. —No… estoy con Cristina. No de esa forma. —Claro que no. Tú no “estás” con nadie. Solo entras, haces el número y desapareces. Como el mago pop del afecto. Hubo un nuevo silencio tenso. César se sentó en la mesa de la cocina sin que ella se lo permitiera. Se notaba ...