1. LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos


    Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... que quería decir algo distinto. Pero como siempre, tardaba demasiado. Esther se adelantó:
    
    —¿Sabes qué es lo peor de ti, César? Que incluso ahora, con todo, sigo teniendo que luchar para no llamarte y preguntarte si has comido, si estás bien, si te sientes solo. Porque durante años me enseñaste a cuidar de ti… mientras tú aprendías a olvidarte de mí.
    
    Él la miró, esta vez sin cinismo.
    
    —Yo no te he olvidado nunca, Esther.
    
    —Claro que sí. Te olvidabas cuando llegabas tarde. Te olvidabas cuando fingías escucharme con la mirada perdida. Te olvidabas cuando me dejaste sola la primera noche que el niño tuvo fiebre y tú tenías… ¿Cómo era? ¿"una reunión”?
    
    —Era trabajo.
    
    —Era una excusa, como siempre. Como tu vida sin mí.
    
    Sus voces bajaron cuando Sergio asomó la cabeza por la puerta
    
    —¿Pasa algo?
    
    —No, amor —dijo Esther rápido—. Papá y yo solo estamos hablando de cosas aburridas.
    
    El niño volvió a su mundo de dibujos y dinosaurios. Ella se apoyó en el marco. Sus ojos estaban húmedos, pero no lloraba. No del todo.
    
    —¿Quieres un café? —preguntó ella, de repente.
    
    Él dudó.
    
    —¿Es una trampa?
    
    —Ya no. Si siguiésemos casados, lo envenenaría.
    
    —Si siguiésemos casados, me lo bebería.
    
    Esther trasteó en la cocina, encendiendo la cafetera, buscando cápsulas. César se sentó, está vez en una silla.
    
    Ella colocó dos tazas en la mesa, y le alargó una sin mirarle, pero sin hostilidad. Se sentó encaramándose en la encimera, con la espalda apoyada en el ...
    ... frigorífico, como solía hacer cuando aún vivían juntos y discutían sobre qué cenar o por qué el niño no dormía o por qué nadie lavaba los platos.
    
    —A veces te echo de menos —dijo ella, sin énfasis.
    
    Él bajó la mirada.
    
    —Yo también. Pero no sé si te echo de menos a ti o a la idea de ti que tenía cuando no te escuchaba.
    
    —Ostras. Esta sí que ha dolido.
    
    —Perdón.
    
    —No. Bien. Real. Sincero. Es un cambio—Bebió un sorbo—. Yo a veces me acuerdo de cuando me reía contigo. Cuando no me sentía sola. Cuando me tocabas sin que fuera por puro deseo egoísta.
    
    —Yo me acuerdo de tu olor cuando salías de la ducha. De cómo me mirabas los domingos por la mañana. De cómo me gritabas por cosas absurdas y luego te arrepentías tan rápido que parecías bipolar. Era bonito. A su manera.
    
    —Lo nuestro fue una guerra civil. Larga, sucia, pero con ratos de tregua. A veces incluso… placer.
    
    Él la miró. Y por un segundo, se vieron de verdad. Sin pasado. Sin quejas. Solo dos cuerpos que se habían reconocido tantas veces que el deseo aún conocía el camino.
    
    —¿Te quedas un rato? —preguntó ella. Como quien no quiere que le contesten.
    
    —¿Por Sergio?
    
    —Claro. Por Sergio. —Pero su voz no sonaba a madre. Sonaba a mujer.
    
    César dejó la taza en la mesa. Se acercó a ella, torpe, como quien sabe que va a hacer algo estúpido y necesario a la vez.
    
    Se besaron. Corto. Torpe. Con sabor a rutina y café amargo.
    
    —No va a arreglar nada —dijo ella.
    
    —Lo sé. Pero llevo días cansado de intentar arreglar ...
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