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Noche de pileta con mi sobrino
Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... lo recibí sin apartar la mirada, chupándolo con una lentitud casi ceremoniosa, cubriéndolo de saliva mientras nuestros ojos se sostenían en un duelo silencioso. Su dedo se deslizaba entre mis labios y yo lo succionaba y le pasaba la lengua, justo como lo haría si le estuviera haciendo una mamada. Usaba mucha baba, y no dejaba de hacer contacto visual con él, sabiendo que eso lo volvía loco. Él jadeó apenas. —Eso… —murmuró—. Así me gusta. Apoyó la otra mano en mi hombro e hizo una leve presión hacia abajo. No hizo falta usar fuerza, porque con solo ese gesto yo entendí lo que quería. Era el gesto universal de un tipo que quería que le chuparan la pija. Bueno, algunos apoyaban la mano en la cabeza, pero era lo mismo. La cuestión es que me dejé caer de rodillas frente a él. No me lo ordenó. No insistió. Fue como si mi cuerpo hubiera tomado la decisión por mí. Quedé ahí, con la cabeza a la altura de su cintura, mirando esa verga monstruosa marcándose bajo el bañador. —No te esperaba tan obediente, tía —dijo él, con una sonrisa torcida. —No digas boludeces cuando una mina está a punto de chuparte la pija —lo reté. Llevé mis manos a la cintura de su short de baño y tiré despacio hacia abajo. La tela se deslizó por sus caderas, liberando de golpe ese miembro que se había convertido en el centro de mis fantasías desde la primera vez que lo vi desnudo en la pileta. Ahí estaba: grande, gruesa, venuda. El estereotipo de una pija que todos los hombres ...
... anhelan tener, pero que muy pocas mujeres desean realmente. Una parte de mí sintió un escalofrío de miedo, pero otra, más intensa, se sintió atraída como por un imán. —¿Te gusta lo que ves? —me preguntó, con una voz baja, casi ronca. —Callate —dije, y sonreí apenas antes de envolverlo con mi mano. Se sentía caliente, palpitante, como si tuviera vida propia. La piel era suave, pero la dureza por debajo me hizo sentir que tenía algo hecho de piedra en la mano. Lo acaricié despacio, de la base al glande, observando cómo reaccionaba, cómo sus músculos del abdomen se tensaban cada vez que lo rozaba. —Qué bien que lo hacés, tía… —dijo, mordiéndose el labio—. Se nota que sos experta en pijas. No pude evitar soltar una risita. Y supe que con eso acababa de perder el poco respeto que, tal vez, conservaba hacia mí. Me incliné un poco y saqué la lengua, tocando apenas la punta del glande, probándolo como quien prueba un helado. El sabor era mezcla de piel y sal, un sabor que siempre me había parecido profundamente masculino. Empecé a darle pequeños besos por toda la extensión, jugando, sin meterlo todavía en mi boca. Enzo soltó un suspiro largo. Entonces abrí más la boca y me lo metí despacio, dejando que el glande se deslizara sobre mi lengua. La primera sensación fue esa: calor, peso, y el estiramiento de mi boca tratando de abarcarlo. Era tan grande que sentí cómo me empujaba hasta la garganta. Si no fuera porque ya tenía experiencia, no hubiera ...