1. Noche de pileta con mi sobrino


    Fecha: 22/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos

    ... cintura con una fuerza brutal, marcándome con sus dedos. Me embistió más fuerte, una, dos, tres veces, mientras mis piernas temblaban.
    
    Los gemidos se me escapaban entre dientes, y lo único que podía pensar era que no debía gritar, que Fabricio estaba adentro.
    
    —Cómo no te conocí antes —murmuró, mientras seguía embistiéndome—. Las veces que necesité una tía como vos…
    
    Me estremecí tanto que sentí que iba a acabar ahí mismo.
    
    —Te gusta, ¿no? Decímelo… —me exigió. Otra cliché entre los hombres.
    
    —Sí… —susurré, apenas audible.
    
    —Más fuerte.
    
    —¡Sí! —me salió, entrecortado, aunque bajé el tono al instante.
    
    Se inclinó sobre mí, su torso caliente aplastando mi espalda, mientras una mano me apretaba la garganta y la otra seguía estrujando mis tetas.
    
    Estaba completamente perdida. Cada embestida me hacía sentir al borde de un orgasmo, pero sabía que si me dejaba llevar, no iba a poder contener los gritos.
    
    Enzo me tomó de la cintura y me apartó suavemente del lavadero.
    
    —Vení acá… —ordenó.
    
    No opuse resistencia. Me giró para que lo mirara, sus ojos verdes ardían como si fueran brasas. Me besó con una fuerza animal, apretándome los labios contra los suyos, mientras sus manos recorrían mi cuerpo, subiendo por mi cintura hasta las tetas.
    
    —Tirate al pasto —me dijo.
    
    Lo miré, todavía con la respiración entrecortada.
    
    —¿Acá?
    
    —Acá mismo. Dale…
    
    Me empujó con suavidad, pero sin darme tiempo a pensar. Caí boca arriba sobre el pasto fresco, sintiendo cómo ...
    ... la humedad de la tierra se mezclaba con el calor de mi piel.
    
    Se arrodilló entre mis piernas, me quitó el corpiño de un tirón y me quedé completamente desnuda.
    
    —Mirá lo que sos, tía… toda mojadita para mí.
    
    Acarició mi sexo con la palma abierta, frotando despacio, como si me estuviera preparando para lo que venía.
    
    La sensación era tan intensa que se me escapó un gemido.
    
    —Shhh… —dije, poniéndome una mano en la boca—. No hagas que grite…
    
    Él se rio.
    
    Se inclinó sobre mí, apoyando su cuerpo contra el mío, y con un empujón firme me penetró otra vez, despacio pero hasta el fondo.
    
    Un escalofrío me recorrió entera. Era tan grande que sentí cada centímetro entrar y estirarme, llenándome de una manera brutal.
    
    —Dios… —susurré, apretando los dientes para no gritar.
    
    Empezó a moverse, lento al principio, pero enseguida más rápido, más profundo, como si quisiera dejarme su marca por dentro.
    
    Su torso caliente rozaba mis tetas, sus manos las estrujaban, y su boca estaba en mi cuello, besándome, mordiéndome.
    
    —Mirá lo que me hacés… —susurró contra mi piel—. Me tenés hecho un enfermo.
    
    Me arqueé, buscando sentirlo más adentro, más profundo. Cada vez que embestía, una oleada de placer me sacudía, haciéndome retorcer. Era imposible no gemir. Pegué un grito suave, tapándome la boca con la mano.
    
    —Eso, gemí para mí… —me dijo, mientras aceleraba.
    
    El sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba el silencio del patio. Lo miré a los ojos y sentí que estaba al borde ...
«12...6789»