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Hipnosis erótica II 5: interrogando a mamá
Fecha: 26/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
Hipnosis erótica 2 Capítulo 5 Interrogando a mamá Volvía caminando como si flotara. Como si las piernas no me pesaran, como si el mundo hubiera dejado de tener fricción. El aire se sentía distinto. No era solo que me acababa de coger a una mujer hermosa como Marina, que la había sometido y humillado a mi antojo, y encima había hecho que lo disfrutara. No. Era algo más profundo. Había cruzado una frontera invisible, una que separa a los que desean de los que tienen. Y yo ahora “tenía”. Tenía poder. Tenía el control. Tenía una herramienta que podía doblegar la voluntad de cualquiera. Y lo mejor de todo: funcionaba. Mientras caminaba por las veredas medio rotas de mi barrio, con los auriculares puestos sin música, como siempre, repasaba mentalmente cada paso que había dado. Marina, el café, la app, la billetera, el baño. Todo me parecía parte de una especie de sueño lúcido donde cada cosa salía como yo quería. Nunca me había sentido tan seguro de mí mismo. Tenía el cuerpo liviano, pero la sangre hervida. La verga todavía medio dura. Y un solo objetivo fijo en la cabeza: mamá. Hoy sí. Hoy iba a pasar. Me la iba a coger. Iba a disfrutar del placer más oscuro y prohibido que podía experimentar un adolescente. No sentía culpa, porque igual sabía que luego ella no recordaría nada. No podía ser más perfecto. El trayecto hasta casa se me hizo largo. Crucé la avenida, pasé por la plaza con los juegos vacíos y las hamacas crujiendo con el viento, como una postal ...
... fuera de lugar. Ya en la puerta de casa, saqué las llaves con una mano que temblaba un poco. No me dio vergüenza mi nerviosismo. Era lógico teniendo en cuente el crimen que iba a cometer. Metí la llave en la cerradura y entré. Había mucho silencio, cosa que no era usual. —Ma —dije en voz alta. Silencio otra vez. Miré hacia el living. Nada. La cocina, vacía. Ni un plato en la mesa, ni el ruido del agua corriendo. Todo estaba en orden… demasiado en orden. Caminé hasta su habitación. La puerta estaba entreabierta. Empujé con la palma, pero no había nadie. Cama tendida. Las persianas bajas, pero no del todo. No había señales de que se estuviera bañando ni durmiendo. El celular no estaba por ahí. Tampoco su cartera. —¿Dónde carajo estás? —dije en voz baja, como si la casa me escuchara. Volví al living, me tiré en el sillón. Miré el reloj del celular. Las cinco y pico de la tarde. No era una hora rara para que estuviera afuera, pero tampoco era habitual que no avisara. Le mandé un mensaje. “¿Dónde estás, ma?” Esperé. Nada. El doble tilde no se marcaba. Ni siquiera había conexión. Me quedé mirando la pantalla como un pelotudo, como si pudiera forzar la llegada de una respuesta con la mirada. Igual repetí el mensaje. “¿Todo bien? Avisá cuando llegues.” Me acordé de que hacía poco había salido con un tipo. ¿Y si estaba con él? Sentí que los celos me envenenaban. Unos celos que no había sentido nunca. No de esa manera, no en esa intensidad. Me incorporé ...