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Hipnosis erótica II 5: interrogando a mamá
Fecha: 26/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... lo que había hecho antes de volver, por las manos de otro hombre recorriéndola, por la boca de otro besándole el cuello, por la forma en que él la había poseído. Me hervía el pecho, el estómago, la cabeza, todo. Era como si me hubiera estado metiendo los cuernos. Sabía que desde lo racional eso no tenía sentido, pero así me sentía, y eso solo me generaba más ganas de someterla, como lo había hecho con Marina. Se metió en su cuarto. Me arrimé a la puerta. La había cerrado, pero escuché los ruidos mientras se desvestía, y luego el de la puerta de su baño. Comprendí que ya no había motivos para esperar, y además, el hecho de que se estuviera bañando me daba una oportunidad perfecta. Y, sin embargo, algo me detuvo. No tanto porque me cuestionara lo que iba a hacer, eso ya lo había superado, pero sí que había algo que me estaba avisando de que, a partir de ahora, iba a cruzar una línea de la que jamás iba a poder volver. Después de un instante de vacilación, decidí que definitivamente quería cruzar esa línea. Entré a su dormitorio, sigiloso, y me acerqué al baño. El vapor comenzaba a escaparse por la rendija inferior de la puerta, tibio y húmedo, cargado del perfume de su jabón y su piel. Saqué el celular del bolsillo y abrí la aplicación. HypnoLink se abrió al instante, sin demora. Toqué el botón de “Activar hipnosis”. La pantalla se oscureció un poco, aparecieron las ondas y el contador, y el sonido sutil y envolvente comenzó a vibrar a través del ...
... dispositivo. Ahora que lo pensaba, quizás el sonido de la ducha no permitiría que funcionara correctamente. Estuve a punto de putear en voz alta cuando me di cuenta de ese detalle. Pero igual me quedé ahí. Al menos no era un ruido tan molesto como el de la agujereadora del vecino. Me quedé ahí parado, contando los minutos como si cada uno fuera una hebra más de la trampa que estaba tendiéndole. Cuando el contador llegó a cinco, apagué la pantalla y volví a guardar el celular. Giré el picaporte con cuidado. La puerta se abrió con un leve chirrido. Entré. El baño estaba cargado de vapor. La lámpara del techo filtraba una luz cálida y difusa a través del vaho, y el espejo estaba tan empañado que solo se intuía el reflejo. La cortina de la ducha estaba corrida por completo. No la veía, pero sí escuchaba claramente el sonido del agua rebotando en su cuerpo y el suelo de la bañera, y también su respiración, suave, acompasada, como si estuviera en un estado de calma absoluta. Ella lo notó. —¿Rafa? ¿Qué pasa? —preguntó, sin levantar la voz, pero con una evidente curiosidad. Vi una tanga recién lavada en la pileta, y eso hizo que la verga palpitara dentro del pantalón. Era la tanguita que acababa de usar, con la que acababa de coger. —Nada —dije al fin, con una voz tan suave que me sorprendió incluso a mí—. Solo quería hacerte unas preguntas. No hubo respuesta inmediata. Escuché un leve movimiento del agua, como si se hubiera girado apenas dentro de la bañera. Veía su ...