1. Hipnosis erótica II 5: interrogando a mamá


    Fecha: 26/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos

    ... con un impulso. Caminé de un lado a otro del living, como un animal encerrado. Estaba caliente. No de excitación esta vez. De bronca. De frustración. Me sentía como si alguien me hubiera apagado el fuego con un baldazo de agua helada.
    
    Tenía el poder absoluto en el bolsillo y la casa vacía.
    
    —¡La puta madre! —grité, pateando la pata del sillón.
    
    Volví al cuarto. Abrí la puerta de su placard. Todo parecía igual. Revisé sobre la cómoda. La cajita donde guardaba la plata seguía en su lugar, cerrada. No buscaba robarle —ya no lo necesitaba— pero necesitaba saber si había salido de apuro o si tenía algo planeado. Nada. Ni un indicio.
    
    Volví al pasillo. Encendí el televisor, bajé el volumen al mínimo. Me senté con el celular en la mano. Miré otra vez el chat. Seguía sin conexión. Realmente no era tan raro, pero justo hoy…
    
    Cerré los ojos. Respiré profundo. “Ya esperaste mucho, pelotudo. Podés esperar un poco más”, me dije.
    
    Era verdad. Había tenido paciencia. Había planeado cada paso. No podía dejar que una demora me desestabilizara. Seguro en una hora estaba de vuelta, con alguna bolsa de supermercado en la mano o hablando por teléfono con alguna amiga. Iba a volver. Y cuando lo hiciera… todo estaría listo.
    
    Me forcé a quedarme quieto, aunque las piernas me temblaban. Miré el techo. Pensé en Marina. En sus gemidos. En su cuerpo temblando mientras yo la usaba. Me ayudó a bajar la ansiedad. Me aflojé los cordones. Cerré los ojos de nuevo. Todo iba a salir bien, pensé. ...
    ... Pero también me di cuenta de lo enfermiza que podía ser esa aplicación, de los estragos que podía generarme. La idea era que sea una herramienta con la que yo pudiera ejercer el poder, y no una aplicación que me terminaría esclavizando.
    
    Tomé nota mental de eso, para el futuro.
    
    Seguí esperando, esta vez con menos desesperación, aunque igual estaba ansioso. Las piernas me temblaban, las manos me sudaban. La verga no estaba dura, pero, cuando fui a mear, descubrí que había salido mucho presemen.
    
    La luz de la tarde se había vuelto dorada y oblicua, colándose apenas por las persianas a medio cerrar del living, cuando escuché la cerradura girar. Me puse de pie casi de un salto, aunque intenté disimularlo al instante, como si no hubiera estado esperando durante horas esa señal, como si mi cuerpo no estuviera en un estado de alerta permanente desde que crucé esa puerta y vi que ella no estaba.
    
    La puerta se abrió, y lo primero que sentí fue una ráfaga de aire cálido que venía desde afuera, mezclado con un perfume que reconocí al instante, ese aroma suave que usaba en las ocasiones en que se producía más de lo habitual, el que solo aparecía cuando salía “a ver a alguien”.
    
    Y ahí estaba. Mi vieja.
    
    Entró con paso relajado, segura, hermosa, más que nunca, con el pelo suelto cayéndole sobre los hombros con un movimiento casi cinematográfico y unos lentes de sol grandes que se quitó con gracia antes de colgarlos del escote. Llevaba puesto un vestido ajustado con estampado ...
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