1. Hipnosis erótica II 5: interrogando a mamá


    Fecha: 26/06/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos

    ... silueta a través de la cortina. Era solo una sombra, pero aún así se notaba el cuerpo prodigioso que tenía mi mami. Tenía muchas ganas de correr la cortina y cogérmela ahí mismo, pero sabía que primero debía confirmar si la app hizo su efecto.
    
    —¿Qué tipo de preguntas? —dijo finalmente, con ese tono que ya no tenía el filo que solía tener, sin la firmeza de madre, sin la corrección automática que usaba cuando quería marcar límites.
    
    Eso me indicaba que iba por buen camino, pero, aún así, fui despacio.
    
    Me acerqué unos pasos. Me detuve al lado del botiquín, apoyé las manos en el borde de la bacha, donde estaba la tanga húmeda, y bajé la mirada, pensando en cuál era la mejor manera de comenzar.
    
    —Sobre tu cita —dije al fin, con una voz que no era la mía, o al menos no la mía de antes. Era la de ahora, la del tipo que se había cogido a una mujer desconocida horas atrás y la había hecho gemir por orden propia, la del pibe que había descubierto cómo convertir la voluntad en obediencia.
    
    Ella no dijo nada, pero el sonido del agua cambió un poco, como si se hubiera puesto bajo el chorro directo otra vez, como si quisiera escabullirse en lo caliente para no tener que responder.
    
    —Es que me quedé pensando —seguí, dándole a mi tono una mezcla de interés genuino y ambigüedad contenida—. El otro día también te vi volver distinta, como con esa sonrisa. Hoy fue igual. Y no me respondiste los mensajes.
    
    Silencio. El agua caía.
    
    —Te dije que se me apagó el celular.
    
    —Sí, ya ...
    ... sé, pero podías haberlo cargado en la casa del tipo, o donde fuera que estuviste. Pero se nota que estabas tan distraída que ni pensaste en eso.
    
    Volví a acercarme, ahora hasta quedar justo frente a la cortina de la ducha, aunque sin tocarla. El vapor salía por los bordes, tibio, húmedo, impregnándome la remera y haciéndome arder la piel. Podía imaginarla ahí adentro, con el agua deslizándose por cada curva de su cuerpo, con los ojos cerrados o entreabiertos, sumisa no por debilidad sino por el peso de un sonido que le había reprogramado el juicio desde dentro.
    
    —¿Cogieron? —pregunté, sin más vueltas.
    
    Una pausa. Una respiración más lenta.
    
    —Sí.
    
    Sentí un temblor en la boca del estómago, una mezcla de celos y satisfacción. La hipnosis estaba funcionando. No había duda. Pero igual todavía faltaba para estar cien por cien seguro. Esa era una pregunta que podía responderme con la suscripción estándar. La suscripción premium debía ser más potente. Recordé que aquella vez se había negado a darme detalles. Ahora vería hasta dónde podía hacerla hablar.
    
    —¿Dónde? —pregunté—. ¿Dónde cogieron?
    
    —En su departamento.
    
    —¿Dónde queda?
    
    —A unas cuadras de acá, sobre la avenida.
    
    Eso no me lo esperaba. El tipo que se cogía a mamá era un vecino. Eso, por algún motivo, me dio más celos todavía.
    
    —¿Y te gustó cómo te cogió?
    
    —Sí. Mucho.
    
    Escucharla decir eso, desde la ducha, con el cuerpo desnudo, mojado, cubierto apenas por una cortina de plástico, mientras yo estaba ...
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