1. Tres copas


    Fecha: 04/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos

    ... casi como si lo pensara en voz alta—. Pero por si acaso…
    
    Sofía alzó una ceja, divertida. Esperaba una frase algo torpe, una excusa para estirar la conversación. Pero lo que vino fue distinto.
    
    —Tiago y yo somos los encargados de cerrar todo esta noche. En breve, el resto del personal se irá. Los invitados ya casi lo han hecho. —Hizo una pausa—. Y sé que no es lo más profesional del mundo, pero si te apeteciera... podrías quedarte un rato más. Una sola copa. Nada más. Un brindis, por esta fiesta inesperada.
    
    No había nerviosismo en su tono. Tampoco arrogancia. Era una invitación limpia, sin presión, con mucho aplomo, que dejaba en el aire la posibilidad como quien deja una puerta entreabierta.
    
    Ella sostuvo su mirada. Notaba el pulso más rápido de lo habitual, aunque por fuera seguía pareciendo imperturbable. El jardín se había vaciado casi del todo. El murmullo se extinguía. El cielo sobre sus cabezas se había teñido de un azul profundo, con estrellas nítidas y el reflejo del agua temblando como una promesa.
    
    —¿Una sola copa? —preguntó ella, con media sonrisa.
    
    —Una. Tal vez dos si nos dejas elegir el vino —respondió él con ese brillo cómplice en los ojos que se encendía cada vez que sonreía.
    
    Y por primera vez en mucho tiempo, Sofía no sintió que debía decidir con la cabeza. Solo se preguntó si tenía algo mejor que hacer esa noche.
    
    No quería precipitar nada. Tampoco tenía claro qué esperaba. Solo sabía que algo, en la forma en que se cruzaban las miradas, ...
    ... en las palabras medidas y en las pausas, la mantenía allí.
    
    Se deslizó entre los últimos movimientos, casi invisible, dejando que los demás se despidieran sin prestar atención a su presencia. Fingía mirar el mar, pero en realidad estaba esperando. O tal vez decidiendo si quería esperar.
    
    Y fue cierto: no tardaron en quedar solos. Las luces de la casa se atenuaron casi por completo, las últimas risas se apagaron con el sonido de un portazo suave, y el jardín quedó envuelto en una penumbra acogedora, iluminado apenas por las velas y algunos focos bajos ocultos entre la vegetación.
    
    Tiago, en silencio, terminaba de secar una copa tras la barra. No la miró de inmediato, como si supiera que ella necesitaba ese último instante de tregua. Sofía se acercó sin decir nada y se sentó en una de las sillas altas. Cruzó las piernas con naturalidad, apoyó los codos en la barra y simplemente le sonrió.
    
    —¿Lo ves? Aquí estoy. Ni copa ni brindis. Solo una mujer sentada —dijo con tono suave.
    
    Él le devolvió la sonrisa, con esa mezcla de timidez y calidez que le era tan propia.
    
    —Una mujer que ha salvado esta noche —replicó.
    
    Al momento, apareció el otro. No hizo ruido. Se aproximó con una botella en la mano y la barba perfectamente delineada sombreando su sonrisa, ya menos contenida. Se colocó al otro lado de la barra, de pie, inclinándose apenas hacia ella.
    
    —¿Ya has decidido si tomas esa copa con nosotros? —preguntó, y su voz tenía un tono más bajo, casi confidencial, como si ...
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