-
Un amigo gilipollas
Fecha: 05/07/2026, Categorías: Gays Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos
Todo el mundo tiene algún amigo gilipollas en esta vida, y yo, que no soy muy listo, tuve uno que aparte de ser muy gilipollas, fue durante años lo que podríamos llamar mi mejor amigo. Nos conocíamos del barrio, habíamos sido compañeros de escuela y nos habíamos hecho amigos porque él, como yo, era una especie de marginado social pero él, a diferencia de mí, no sabía defenderse solo y yo lo tomé bajo mi protección. Había salido de no sé qué internado de curas con una empanada mental de aúpa y a veces tenía reacciones que me sacaban de quicio, pero como éramos colegas se lo perdonaba, pensando además que con los años se le iría quitando la gilipollez. No fue así. La adolescencia la pasó a pajas, claro, y para cuando entramos en la universidad allá a los 18 años no había visto una tía en pelotas más que en las revistas y películas guarras que yo le prestaba. De tocar ni hablemos ya. Yo, que iba haciendo lo que iba pudiendo con las chavalas que se me ponían a tiro y con una que otra lobaza madura bien dispuesta, trataba de animarle a que no fuera tan tímido y se lanzase, porque feo tampoco era: se trataba de un chaval corpulento, pero no gordo, con un cuerpo compacto y fuerte, piernas musculosas, labios carnosos y ojos grandes de color miel, con la piel bastante blanca y la fuerte mata de pelo crespo de color negro azabache. De hecho yo, que aunque no había catado la carne de hombre aún no me faltaban las ganas, le encontraba físicamente bastante atractivo, y si él ...
... me lo hubiese propuesto no me habría importado lo más mínimo prestarle mi cuerpo para que practicase conmigo lo que no podía hacer con las chicas por su timidez. Andando el tiempo hubo varias ocasiones en que, de hecho, me le puse a tiro de una forma u otra… Con 18 cumplidos, una vez, viendo juntos a escondidas una peli porno en mi casa, en la que a una morena la daban por el culo tres gañanazos de rabo descomunal, nos pusimos tan calientes que nos sacamos los rabos y empezamos a cascárnosla (...cada uno con la suya, no os emocionéis), y a media paja empezó a lloriquear y a lamentarse de que él nunca había estado con una tía, que todos habíamos “hecho cosas” menos él y que nunca iba a follarse un culo como estaban haciendo esos cabrones de la peli, y además pagando...tanto se lamentó y tan caliente estaba yo que, llevado de una mezcla la lástima, curiosidad morbosa y calentura pura y dura, le ofrecí mi culo para desahogarse. -¿Qué dices? Ponía cara de extrañeza pero en sus ojos había una inequívoca expresión de deseo. No es extraño porque además de que a esa edad las hormonas hierven, mi culo no es ninguna menudencia: siempre lo he tenido grande y carnoso, y en aquellos tiempos además lo tenía musculoso y terso que hubiera podido cascar nueces con él. -Venga, así te desahogas...te quitas el calentón...me pongo de espaldas y piensas que soy una tía… -Pero es que…pero es que...no me atrevo Y no se atrevió. A los dos o tres días el tío va y me confiesa que le ...