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Un amigo gilipollas
Fecha: 05/07/2026, Categorías: Gays Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos
... unas copas y veíamos alguna peli porno para crear ambiente, y cuando nos poníamos burros nos íbamos cada uno con la nuestra a su habitación a follar. Sí, a mí también se me ocurrió que hubiera estado bien hacernos la fiesta los cuatro amontonados, pero si lo decía aunque fuera en broma mi colega se ponía blanco como el papel y las mozas cambiaban de tema. Tampoco es que le faltase morbo al asunto, porque los cuartos estaban pared con pared y se oía todo, y se generaba entre las dos parejas una especie de juego de provocación y competencia por ver quién gemía más alto, hacía crujir más el colchón y follaba, en suma, más y mejor. No era raro que de un cuarto al otro, y viceversa, se escuchasen frases tales como “eso, así, rómpeme el culo” o “tragátela toda, guarra” o “no pares que me corro” o “echámela en la boca que me encanta”. Al acabar la faena, a veces nos dormíamos con un sueño, al menos en mi caso, turbio y lleno de imágenes sexuales, y a veces nos íbamos en plena noche mi amigo y yo para el barrio, que pillaba bastante lejos. Cuando pasaba esto, tirábamos los condones al contenedor de enfrente de casa, aprovechando para “competir” a ver quién había echado más polvos, competición que siempre solía ganar yo, y que daba lugar a que nos contásemos todo lo que habíamos hecho con las chicas, que si la puse a cuatro patas y se la metí por el culo, que si le eché toda la corrida en las tetas, que si se tragó toda mi leche y ni así paró de chupar, que si me la follé ...
... dándole azotes en el culazo, que si la mía tiene las tetas así, que si la mía tiene el culo asao…y la conversación nos ponía a tono hasta el punto de pillar unos calentones de miedo. Más de una vez le sugerí que nos hiciésemos unas pajas mutuas aunque fuese para relajar tensiones y no andar a las mil de la noche con la picha tiesa de punta a punta de la ciudad, pero nada. Le conté que estaba casi seguro que ellas se contaban también nuestras hazañas y que si se ponían calentorras seguro que se comían los coños una a otra o se ponían a hacer la tijera, no conoceré yo a las tías ni nada. Pero ni así. Hasta le ofrecí meternos en un portal que había por el camino y que no cerraba bien, y allí tranquilamente si quería yo le comía la polla y él cumplía con hacerme la paja. Pues no quiso, y como siempre nos tocaba hacer la travesía del desierto pelando frío y con la tienda de campaña montada mientras aquellas dos guarronas se lo montaban a su vez la una con la otra para quedarse tranquilas después del calentón que les daría el “balance de los daños”. Es que era muy gilipollas el tío. Pero es que no queda la cosa ahí. Un par de años después de aquello nos fuimos él y yo y un tercer amigo a pasar unos días en la playa. Nos acababan de dejar a los dos prácticamente a la vez las novias y llevábamos la idea de desquitarnos con algunas chicas facilonas o alguna divorciada salida con ganas de putear al ex, pero como fuimos en temporada baja porque no teníamos muchas pelas, no ...