-
Cuando Todo Cambia
Fecha: 08/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... con la camiseta arrugada y el cabello revuelto, pero con una sonrisa que, aunque tímida, era sincera. ¿Estás… cantando? —preguntó, aún medio dormido, acercándose a la cocina. Molly se giró, con una cuchara en la mano y una media sonrisa dibujada en los labios. —Tal vez. Se acercó a él, le dio un beso corto en los labios, y luego siguió revolviendo los huevos. Tony parpadeó, sorprendido, y luego sonrió. No hacía falta decir nada más. Se puso a poner la mesa sin que ella se lo pidiera. Sarita apareció poco después, caminando descalza, arrastrando su peluche. Tenía los ojos aún hinchados por el sueño, pero en cuanto vio a sus padres juntos en la cocina, se frotó los ojos y se les quedó mirando, como si intentara comprobar si aquello era real. —Tengo hambre —dijo, simplemente. —Entonces llegaste justo a tiempo —respondió Molly, acercándose con el plato y una sonrisa cálida. Tony la levantó en brazos y la sentó en la silla, le sirvió jugo y le revolvió los rizos con ternura. Se sentaron los tres a la mesa. Era una escena sencilla: pan tostado, jugo, fruta, risas suaves. Pero lo extraordinario era la desnudes de Molly, era extraño para Sarita quien no sabía cómo exponer sus dudas, solo pidió permiso para saber si ella también podía estar como su madre. Un gesto pequeño —el cruce de miradas entre Molly y Tony, el roce de una mano, fue el clic que le permitió a Tony, en el tono más cálido decirle que sí a su pequeña hija— había una energía nueva. Había espacio para la ternura. Para ...
... el humor. Para ellos. Con sus mujeres desnudas, Tony tomó una foto con su celular, sin pedir que posaran. Solo capturó el momento como era: un desayuno tranquilo, una mesa compartida, una familia reencontrándose. Después de todo, pensó Molly mientras mordía una fresa, no se trataba de volver a ser quienes eran antes. Se trataba de descubrir quiénes podían ser ahora. Tony con una sola mirada veía a Sarita completamente abierta de piernas, tocándose discretamente su vaginita, quizás por la falta de costumbre de encontrarse así, y al girar la cabeza a Molly, de pie corrigiendo la atadura de su cabello con una coleta con sus dos manos, proyectando sus pechos enormes hacia adelante y con la espalda encorvada. Era una locura. Tony había terminado. Dejó el último bocado de tostada en el plato, se limpió las manos con la servilleta y se puso de pie. Sin decir nada, recogió su plato, el de Molly y el de Sarita —aún medio lleno de fruta— y los llevó al fregadero. Momento en el que, inevitablemente, dejo a la vista su excitación mañanera. Molly también se puso de pie. Llevaba su taza aún a medio terminar, pero no quería quedarse sentada. Lo siguió hasta la cocina, sin decir nada, solo dejando que sus pasos hablaran por ella. Se colocó arrodillo su lado, bajó el pantalón de su pijama y le pasó la lengua a la verga de Tony Tony la miró, apenas una fracción de segundo, con una mezcla de sorpresa y complicidad. No hizo falta decir “gracias”. Trabajaron en silencio, codo a codo, como hacía ...