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Manu y yo. Relato completo
Fecha: 12/07/2026, Categorías: Gays Autor: smelmoth, Fuente: TodoRelatos
... apreciar perfectamente unos brazos poderosos, en los que destacaban los bíceps, un ancho pecho de pectorales desarrollados y definidos y la cintura, estrecha, sobre la que se adivinaban sus abdominales. Sus vaqueros ceñían unas piernas musculosas y trabajadas, y marcaban un paquete no muy exagerado, pero que en combinación con el resto daban una sensación de proporción y equilibrio. Me sorprendí pensando en quién puede ser tan estúpido de considerar esta una raza inferior. Debe ser por envidia. - Roberto -me dijo- ¿Te pasa algo? - ¡Ah! No, nada, perdona, estaba... soñando despierto Comenzamos a caminar y a charlar sobre política, emigración, trabajo. Cosas que parecían preocuparle. Al cabo de un buen rato, dimos por concluido el paseo y volvimos a nuestras respectivas casas, aunque los perros aún tenían ganas de seguir jugando. Al día siguiente, era sábado, sonó el teléfono. Era Manu. Me hablaba muy nervioso, llorando. - Roberto, Sara ha comido algo en el parque que le ha sentado muy mal. Creo que se muere. -Tranquilo, Manu, no te desesperes. ¿Cómo está ahora Sara? - Está tirada en el suelo, temblando mucho y echando espuma y baba por la boca. - Sé en qué calle vives, pero no el número. - El número 3 - Vale, ve bajándola al portal, que yo llego en cinco minutos. Mientras bajaba a por el coche llamé a una clínica veterinaria que conocía muy bien, con urgencias 24 horas, les expliqué el caso y que llegaría allí en 15 minutos. Cuando llegué ...
... a casa de Manu él estaba en el portal, con su perra en los brazos; lloraba y tenía la cara totalmente desencajada de dolor. Colocamos a Sara en el asiento trasero, con Manu a su lado. No dejaba de llorar mientras la acariciaba y pronunciaba unas palabras en su idioma. Sonaba a plegaria. Llegamos a la clínica y enseguida se hicieron cargo del pobre animal y a nosotros nos dejaron en la sala de espera. Manu se sentó en una silla muy despacio, miró al techo, y a continuación se tapó la cara con las manos, agachó la cabeza y comenzó a llorar de nuevo. Yo lo miraba de pie en el centro de la sala. Pese a su fortaleza, en ese momento me pareció la persona más desvalida del mundo. Un sentimiento de profunda compasión y tristeza me invadió. Me senté a su lado y puse mi brazo sobre sus anchos hombros, que se movían al compás de sus sollozos. - Tranquilo, Manu, no te preocupes. Creo que hemos llegado a tiempo de que la curen. Aquí trabajan los mejores veterinarios de la ciudad. Ya salvaron, hace unos años, a un perro que tuve y al que le pasó lo mismo que a Sara. Sacó su cara de entre sus manos y me miró con una mueca de dolor. - ¿Es cierto Roberto? -dijo sollozando- no me mientas para tranquilizarme, por favor. - Es cierto, no llores más. Si en algún sitio pueden salvarla, es aquí, te lo prometo. - ¿Y si se muere? ¿Qué voy a hacer, Roberto? Es la única compañía que tengo en este mundo. No quitaba sus ojos de los míos. En aquel momento otro pensamiento pareció ...