1. La Puta de Morales - Parte 2


    Fecha: 13/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos

    ... oficina.
    
    —Paulita. Entra.
    
    No era una invitación. Era una orden.
    
    Ella respiró hondo, ajustó invisiblemente su postura, y caminó hacia la oficina con pasos firmes. Al entrar, cerró la puerta tras de sí con un clic suave.
    
    —Buenos días, señor Morales —dijo, con una dulzura que no llegaba a sus ojos.
    
    Morales estaba sentado tras su escritorio, las piernas abiertas, los dedos entrelazados sobre el vientre. La miró de arriba abajo, una sonrisa lenta extendiéndose en su rostro.
    
    —Buenos días, Paulita —respondió, y luego, sin más preámbulos, bajó el cierre de su pantalón.
    
    Ella no necesitó más instrucciones.
    
    Con movimientos fluidos, se arrodilló frente a él, las medias de red rozando la alfombra. Sus manos, suaves y hábiles, liberaron su erección, ya dura y palpitante. Paulita no dudó. Inclinó la cabeza y tomó la punta entre sus labios, saboreando el sabor salado que ya conocía demasiado bien.
    
    —Así —murmuró Morales, hundiendo los dedos en su pelo—. Tan buena puta cuando quieres.
    
    Paulita no respondió. En lugar de eso, hundió la cabeza, tomándolo completo hasta que la punta rozó su garganta. Morales gruñó, sus caderas empujando hacia arriba, pero ella no se ahogó. Había practicado.
    
    Una de sus manos subió hasta su pecho, encontrando el pezón endurecido a través de la blusa de seda. Lo pellizcó con fuerza, haciendo que Paulita arquease la espalda, pero no se detuvo. Continuó moviéndose, lenta al principio, luego más rápida, su lengua trazando círculos en ...
    ... la base cada vez que retrocedía.
    
    —Mierda —Morales cerró los ojos, disfrutando cada segundo—. Eres mejor de lo que pensé.
    
    En ese momento, la puerta de la oficina se abrió.
    
    Paulita intentó retroceder, pero Morales le apretó la cabeza, manteniéndola en su lugar.
    
    —Buenos días, señor Morales —dijo una voz femenina, dulce y juvenil. Era una de las nuevas, Valeria, la misma que Paulita había visto en el almacén.
    
    —Buenos días, Valeria —respondió Morales, como si no tuviera a Paulita ahogándose en su regazo—. ¿Necesitas algo?
    
    Paulita sentía las lágrimas quemándole los ojos, la vergüenza subiéndole por el cuello como una marea roja. Pero Morales no la soltaba. Al contrario, empujó su cabeza más abajo, haciéndola tragar más.
    
    —Nada importante —dijo Valeria, y Paulita podía escuchar la sonrisa en su voz—. Solo quería recordarle lo de la reunión de esta tarde.
    
    —No lo olvidaré —Morales respondió, su voz apenas entrecortada—. Ahora, si no te importa…
    
    —Claro, claro —Valeria rió suavemente—. Volveré más tarde.
    
    La puerta se cerró, pero Morales no permitió que Paulita se separara hasta que terminó, llenándole la garganta con un gruñido gutural.
    
    Cuando finalmente la liberó, Paulita tosió, tragando con dificultad mientras el sabor amargo inundaba su boca.
    
    —Todos los días a esta hora —dijo Morales, acomodándose los pantalones—. Ese será tu nuevo trabajo.
    
    Paulita se puso de pie, limpiándose los labios con el dorso de la mano.
    
    —Muchas gracias por tan grato ...