1. La Puta de Morales - Parte 2


    Fecha: 13/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos

    ... excitación vergonzante que ya empezaba a conocer demasiado bien.
    
    —No aquí... no así... —susurró, pero Morales ya estaba desabrochando su cinturón.
    
    —Cállate y relájate —ordenó, escupiendo en su mano antes de frotar su miembro ya erecto—. Va a doler.
    
    Y dolió.
    
    La primera embestida fue brutal, un fuego cegador que hizo que Paulita gritara, sus uñas arañando el mármol inútilmente. Morales no se detuvo. La tomó de las caderas, clavando sus dedos en su carne mientras se hundía más y más, estirándola de una manera que jamás había imaginado posible.
    
    —Dios... —jadeó Paulita, sintiendo cómo las lágrimas corrían por su rostro—. Para... por favor...
    
    Pero Morales no iba a parar. Al contrario, comenzó a moverse, cada empujón una mezcla de agonía y placer que hacía que Paulita viera estrellas. Era demasiado, era invasivo, era humillante... y sin embargo, algo dentro de ella respondía, adaptándose, aceptando.
    
    —Así duele, ¿verdad, putita? —susurró Morales, inclinándose sobre su espalda para morderle el hombro—. Pero ya estás goteando.
    
    Era verdad. Paulita podía sentir cómo su propio cuerpo lo traicionaba, cómo la humedad entre sus piernas aumentaba a pesar del dolor, a pesar de la vergüenza.
    
    Morales lo notó y redobló sus esfuerzos, cambiando el ángulo para golpear un lugar dentro de ella que hizo que su visión se nublara.
    
    —¡Ah! —gritó Paulita, sin poder contenerlo—. No... no puedo...
    
    —Sí puedes —gruñó Morales, acelerando el ritmo—. Y ...
    ... vas a venirte como la perra anal que eres.
    
    El orgasmo la tomó por sorpresa, sacudiendo su cuerpo con una intensidad que jamás había experimentado. Fue como si cada nervio estuviera en llamas, cada músculo se contraía sin su permiso, mientras Morales continuaba usándola, jadeando como un animal cerca del climax.
    
    —Toma —gruñó, clavándose hasta el fondo—. Toma toda mi leche, puta.
    
    Paulita sintió el calor inundándola, las pulsaciones dentro de sí mientras Morales se vaciaba con un gruñido que resonó en las paredes del baño. Permanecieron así por un largo momento, jadeando, sus cuerpos pegajosos de sudor y otros fluidos.
    
    Cuando finalmente se separó, Paulita apenas pudo sostenerse. Sus piernas temblaban, su respiración era irregular, y el dolor entre sus nalgas era una presencia constante.
    
    Morales se ajustó los pantalones con una sonrisa de satisfacción antes de acariciarle la cabeza como si fuera una mascota obediente.
    
    —Fuiste una buena niña —dijo, casi con cariño—. Te dejo ir antes de tiempo del trabajo.
    
    Paulita, todavía jadeando, desnuda, sucia y humillada, logró reunir las fuerzas para sonreír.
    
    —Qué supervisor tan bueno tengo —murmuró, con una voz que sonaba rota pero sincera.
    
    Porque en algún lugar oscuro de su mente, una parte de ella ya sabía que volvería al día siguiente. Y al otro. Y al otro.
    
    Porque ahora, por primera vez en su vida, Paulita entendía el verdadero significado de la palabra "sumisión".
    
    Continuara... 
«1234»