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La Puta de Morales - Parte 2
Fecha: 13/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Natalia Guardia, Fuente: TodoRelatos
... trabajo —respondió, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Por dentro, lo maldecía. Por dentro, lo despreciaba. Pero también, en algún lugar oscuro y secreto, ya contaba las horas hasta la próxima vez. Al salir de la oficina, el sabor de Morales aún en su boca supo que se tenía que acostumbrar a su sabor, desde ahora ella le pertenecía a él. El día avanzaba con una normalidad engañosa en la oficina. Paulita había cumplido con su "tarea matutina" en la oficina de Morales, y ahora, sentada en su escritorio, observaba con ojos críticos cómo una tras otra, las jóvenes pasaban por la puerta de su supervisor con excusas débiles y sonrisas demasiado dulces. Valeria, Luciana, Camila—todas entraban "a conversar" y salían con los labios hinchados, el pelo ligeramente desordenado, o ese brillo particular en los ojos que Paulita ya reconocía demasiado bien. "Parece un puterío de puertas abiertas", pensó, mordiendo suavemente el capuchón de su bolígrafo mientras redactaba un informe que ya había terminado horas antes. Pero no podía juzgarlas. No después de lo que había hecho esa misma mañana. El timbre del teléfono en su escritorio la sobresaltó. —Paulita —la voz de Morales al otro lado era áspera, autoritaria—. Ven al baño de ejecutivos. Ahora. La línea se cortó antes de que ella pudiera responder. Paulita dejó el auricular lentamente, sintiendo cómo un escalofrío recorría su columna. Sabía exactamente lo que eso significaba. El baño de ejecutivos estaba en ...
... un ala apartada, reservado para los altos mandos. Paulita empujó la puerta con cuidado, encontrándose con Morales ya esperándola, apoyado contra el lavabo de mármol, la corbata floja y la mirada oscura. —Cierra con llave —ordenó. Ella obedeció, escuchando el clic definitivo del pestillo antes de volverse hacia él. —¿Qué... qué querías, señor Morales? —preguntó, aunque sabía la respuesta. Morales no habló. En dos pasos estaba frente a ella, sus manos agarrando la blusa de seda y rasgándola con un movimiento brusco. Los botones saltaron, chocando contra las paredes de azulejos como pequeñas balas. —Hoy vamos a probar algo nuevo —susurró, mientras sus dedos descendían por su cuerpo, deteniéndose en la cintura de su falda—. Algo que ninguna de esas zorritas tiene el valor de darme. Paulita sintió cómo el aire se le atoraba en la garganta cuando Morales la giró bruscamente, empujándola contra el lavabo. El mármol frío le quemó la piel desnuda del estómago mientras él le bajaba la falda y las medias de red hasta los tobillos. —Por favor... —murmuró. —Por el culo no— Esto último casi que lo escucho toda la oficina. Morales no respondió. En lugar de eso, sus dedos se hundieron entre sus piernas, encontrándola ya húmeda, lista. —Mentira que no lo quieres —gruñó, frotando sus dedos antes de llevárselos a la boca—. Sabía que eras una perra, pero esto... Un golpe seco en sus nalgas la hizo arquearse. Paulita gimió, sintiendo cómo el dolor se mezclaba con esa ...