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Rojo intenso (5): El susurro del linaje
Fecha: 16/07/2026, Categorías: Incesto Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
Días después, mientras revisaba documentos en el estudio de su departamento, sonó el timbre. Al abrir la puerta, se encontró con una mujer que no veía desde hacía más de treinta años: su hermana Evangelina. Los ojos de ambas se llenaron de lágrimas. El tiempo y la distancia no habían logrado borrar el vínculo. —Rosanna… —dijo su hermana, con la voz entrecortada—. He esperado tanto este momento. El reencuentro prometía abrir viejas heridas, pero también la posibilidad de sanar y reconstruir. El reencuentro entre Rosanna y su hermana fue una mezcla de emociones contenidas y palabras que parecían demasiado tardías. Después de abrazos largos y miradas que decían más que cualquier frase, su hermana tomó la mano de Rosanna con firmeza y le dijo: —Quería contarte algo importante… voy a volver a casarme. Será una ceremonia pequeña, pero muy significativa para mí. Me encantaría que vinieras, que estuvieras ahí para conocer a mi futuro esposo y a mis hijos, si tienes a alguien en tu vida puedes llevarlo. Rosanna sonrió con sinceridad, conmovida por la invitación. —Me encantaría ir —respondió—. Pero iré sola. Es un momento familiar, y quiero que así se mantenga. Su hermana asintió, entendiendo perfectamente. Había un mundo de historias sin resolver, pero ese sería un paso hacia adelante, juntas y en sus propios términos. Días antes de la boda, su habitación estaba en silencio, salvo por el leve crujido del perchero mientras Rosanna deslizaba uno a uno los ...
... vestidos, buscando algo especial. La boda de su hermana Evangelina estaba a solo unos días, y aunque se había prometido no hacer de ello un evento personal, algo en su pecho la traicionaba. Entonces lo vio. El vestido rojo. Entallado, elegante, con ese brillo apenas insinuado que resaltaba lo mejor de ella. Al alzarlo, no pudo evitar sonreír. Era de esos vestidos que no se ponían para gustar… sino para encender. Para dejar sin palabras. Para ser recordada. Se lo llevó frente al espejo, lo sostuvo contra su cuerpo y pensó en él. En Ismael. En cómo la miraría con ese vestido rojo intenso, con esa mezcla de admiración y deseo que se había vuelto su mirada característica. Se imaginó cruzando el salón con ese vestido, y esos ojos siguiéndola desde la distancia, como si todo lo demás no existiera. Suspiró. Cerró los ojos. Y sin poder evitarlo, los pensamientos se le escaparon de las manos. La idea de tenerlo cerca esa noche… de saber que él estaría viéndola así, tan suya, tan provocadora, encendió algo profundo en ella. El deseo subió como una oleada. Se dejó caer sobre la cama, aún con el vestido entre las manos, abrazándolo contra su pecho y lentamente comenzó a masturbarse. En la penumbra de su habitación, la soledad se volvió cómplice. Se dejó llevar por ese pensamiento, por esa presencia invisible que Ismael provocaba en ella con sólo existir. Su mente se llenó de recuerdos, de momentos compartidos, de su voz repitiendo aquel apodo íntimo que la desarmaba: ...