-
El jefe castiga a mamá
Fecha: 18/07/2026, Categorías: No Consentido Autor: elquefolla, Fuente: TodoRelatos
... cabeza de familia, levantándose de la mesa. No pudo la mujer hablar más con su marido, porque nada más acostarse el hombre se durmió profundamente o, lo que es más probable, se hizo el dormido, no respondiendo a las quejas de su mujer. Aquella noche Rosa no podía dormir, dando vueltas y vueltas asustada y preocupada en su cama, y, cuando por fin lo consiguió a altas horas de la madrugada, sus sueños estuvieron repletos de horrendas pesadillas. Despertó sobresaltada y sudando de una pesadilla en la que corría completamente desnuda por oscuros e interminables corredores, esquivando inquietantes manos que emergían amenazantes de sombrías puertas que se abrían violentamente a su paso. Unas siniestras garras intentaban agarrarla, otras lo conseguían pero lograba soltarse y otras finalmente la arrastraban a destartalados cuartos donde una muchedumbre de monstruos deformes y vociferantes la sobaban todo el cuerpo, se lo desgarraban, la arrancaban la piel y la carne a tiras y la violaban una y otra vez por todos sus agujeros, y ella chillaba, chillaba y chillaba. A la mañana siguiente, más serena y dócil, se resignó a su destino, lo aceptó: Volver a la casa del jefe de su marido. Solo le pidió una cosa a su esposo para aquella noche, que no la dejara sola en ningún momento, que siempre permaneciera con ella. Al escucharla, Dioni sonrió beatíficamente y, dándola un casto beso en la frente, la dijo como si fuera una niña pequeña y consentida: ·¡Eso está hecho, mi ...
... amor! Y se marchó camino de su trabajo, dejando a su mujer en casa. A las nueve y media de aquella noche, siguiendo siempre y en todo momento las indicaciones de don Braulio, estaban Dioni y su mujer llamando a la puerta de la vivienda del jefe. Mientras el hombre vestía el mejor traje que tenía, con corbata y camisa blanca, Rosa, siguiendo los consejos de su marido, llevaba, bajo su abrigo largo, un vestido con mangas, escote discreto y falda por debajo de las rodillas; medias de seda y zapatos de tacón, acompañados por un bolsito de marca reconocida, todo de color negro. La hubiera gustado a la mujer llevar una armadura más que un vestido, pero, eligiendo lo más recatado posible, aceptó su destino y obedeció a su marido, pensando que, a cambio de ser tan sumisa, éste siempre estaría con ella, que nunca la dejaría sola, como había prometido. No fue don Braulio el que, después de unos minutos de haber pulsado el timbre de la puerta, la abrió, sino un armario de tres puertas, uniformado y negro como el carbón que, mirándoles desafiante desde más de un metro noventa de estatura, les dejó pasar sin articular ni una sola palabra. Con un ademán les dio a entender que les cogía los abrigos y el bolso, y, tras dejarlos, continuaron caminando por la casa. En un amplio salón les recibió don Braulio que, dirigiendo una breve y despectiva mirada a Dioni, le dio un rápido y ligero apretón de manos, acercándose a continuación a Rosa, a la que sí dio un par de besos, uno ...