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El jefe castiga a mamá
Fecha: 18/07/2026, Categorías: No Consentido Autor: elquefolla, Fuente: TodoRelatos
... casi en los labios, mientras la sobaba el culo con una mano. Una mujer ajada y pintarrajeada como un loro, de edad indeterminada, apareció de pronto, siendo presentada por don Braulio como …. ¡su mujer! Fue una auténtica sorpresa para Rosa, que no se esperaba la presencia de ésta, aunque su aspecto la hizo sospechar casi al momento de que había algo muy turbio. La supuesta mujer de don Braulio no aparentaba precisamente ser una mujer elegante y educada, más bien parecía una antigua prostituta, quizá la dueña de un prostíbulo barato, una madama de poca monta. Dioni, haciendo bueno el apelativo de “alfombrilla” con el que le conocían en el trabajo, hizo patéticas genuflexiones hacia la madama, mientras buscaba desesperado con su boca la mano artrítica de ésta para besarla, pero, lejos de dejarla quieta, la vieja la agitaba continuamente para que no lo hiciera. ·¡A sus pies, señora, a sus pies! ¡A sus pies! Decía continuamente el “alfombrilla” mientras perseguía ansioso con sus labios el errático movimiento de la marchitada mano. Fue don Braulio el que, sin dejar en ningún momento de sobar el culo a Rosa, dio por concluida la persecución besucona de Dioni al ordenar en voz alta de forma autoritaria: ·¡Vamos a la mesa que la comida nos espera! Con un gesto el viejo dejó pasar a la madama y a Rosa delante, y, sin dejar de mirar el culo a esta última, caminaron hasta una gran mesa redonda preparada para el ágape. Una ligera reverencia en señal de ...
... respeto hizo Rosa al cruzarse con la madama, que, simplemente la miró las tetas, sonriendo ligeramente. Las dos parejas se sentaron enfrentadas y don Braulio pronunció una larga y tediosa charla con voz monótona que apenas variaba de tono sobre lo bien que iba la empresa gracias a trabajadores como Dioni que no escatimaban esfuerzo, dedicación y tiempo. Fueron casi treinta minutos de aburrimiento a los que solamente Dioni estuvo atento, escuchando con una patética sonrisa de satisfacción, mientras asentía continuamente con la cabeza. Sin prestar atención al discurso Rosa se dedicó a observar, con una mezcla de curiosidad y desagrado, a la madama que, con los ojos cerrados, parecía que dormía profundamente, roncando incluso en algunos momentos. Una vez finalizada la pesada perorata fue Dioni el que rompió en aplausos y vítores, sacando de su profundo sopor a la vieja loro, que casi se cae de la silla donde dormitaba. Entró en ese momento el negraco uniformado con un carrito llevando distintos platos que Rosa enseguida localizó como comida preparada de lo más vulgar y corriente. No era precisamente generoso el viejo sátrapa, era un perfecto avaro y por eso pagaba tan mal a sus subordinados. Si alguien pensaba que el aburrimiento había finalizado, se equivocaba, porque el viejo, entre bocado y bocado, continuó hablando sobre la empresa, sobre el modelo de negocio y sobre las perspectivas de mercado futuras. Pensó Rosa que, cuanto más hablara el viejo, mucho mejor ...