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El jefe castiga a mamá
Fecha: 18/07/2026, Categorías: No Consentido Autor: elquefolla, Fuente: TodoRelatos
... porque menos haría y podría transcurrir la velada sin muchos sobresaltos. Esta vez la madama no se durmió sino que comió de todo con un ansia desmedida, como si temiera que la fueran a echar a la calle sin comer. Fue entonces cuando Rosa confirmó que la madama no era precisamente la mujer de don Braulio, sino simplemente un apaño para intentar dar una imagen de normalidad, aunque con semejante compañía el respeto brillaba por su ausencia. Mientras observaba como su marido y el viejo comían animadamente, sin prestarla la más mínima atención, pocas ganas tenía Rosa de probar la comida, temiendo que contuviera algún tipo de droga para poder abusar de ella, aunque se vio obligada a consumir más de lo que hubiera deseado. El viejo, al ver que Rosa miraba la comida con aprehensión, la dijo muy serio: ·La comida la ha preparado mi señora para la ocasión. ·Está todo muy sabroso. Felicidades a la exquisita cocinera. Añadió el “alfombrilla” sonriendo agradecido a la madama y, al ver que su mujer, seguía sin probarla, la alentó con un gesto de la cabeza a que lo tomara. Sabía la mujer que era mentira, que la comida no la había hecho su supuesta mujer y que además de sabrosa no tenía nada. Una vez finalizada la cena, don Braulio propuso al “alfombrilla” discutir en su despacho temas relacionados con el trabajo, dejando solas a las dos mujeres. Viendo Rosa como se marchaba su patético marido, intentó seguirles, pero el viejo cerró la puerta del despacho en sus ...
... propias narices y, al intentar abrirla, observó que estaba cerrada por dentro. ·¡Ven conmigo y deja que los hombres hablen de sus temas! Escuchó Rosa una voz cascada a sus espaldas y, girándose, observó sorprendida que era la madama la que la había hablado. Era la primera vez que la escuchaba y pensó hasta ese momento que la mujer era retrasada mental, o al menos muda, seguramente víctima de alguna enfermedad venérea como sífilis. Dudó que hacer. Su marido no había cumplido la promesa de no dejarla sola, pero no quería alejarse de él, por si precisaba de su ayuda. En ese momento la vieja, agarrándola del brazo, tiró ligeramente de ella, al tiempo que repetía: ·¡Ven conmigo y deja que los hombres hablen de sus temas! No quería montar un escándalo allí, en casa del jefe de su marido, pero temía que la tendieran una trampa como la vez anterior. La presencia del negraco uniformado acercándose la intimidó lo suficiente para seguir a la madama. ·¿Qué edad tienes, criatura? Preguntó la vieja caminando por el pasillo. Abstraída tardó Rosa unos segundos en responder: ·Treinta y seis. Nada más responder, pensó que había hecho mal en decir su verdadera edad, aunque no sabía exactamente el motivo de esa desazón. ·Pareces mucho más joven. Te echaba poco más de veinte, quizá hasta veinticinco. Respondió la madama y dudó Rosa si se trataba o no de un cumplido, por lo que se mantuvo en silencio. ·Tienes un cuerpo que vuelve locos a los hombres, ...